El Nacional - Sábado 25 de Febrero de 2006 Papel Literario/2
Papel Literario
Conversación con Antonio Pasquali
Un pseudo Robin Hood de los micrófonos amordaza a los venezolanos
Lúcido, apasionado, polémico, conversar con Antonio Pasquali
es, siempre, una experiencia enriquecedora. Puede uno estar de acuerdo con sus
planteamientos o diferir de alguna de sus apreciaciones, pero no se queda inmune
a su penetrante verbo. Sus ideas, reflexiones y convicciones son el resultado
de un vigoroso entrenamiento para el pensar, de un convincente poder de expresión
verbal y escrito, de indudable influencia en la formación de los más
destacados investigadores y comunicadores de Venezuela y de América Latina.
La reciente aparición de su libro 18 Ensayos sobre Comunicaciones ofreció
a Oscar Lucien la magnífica oportunidad para conversar sobre los palpitantes
temas que se debaten en el libro
Oscar Lucien
lucieno@cantv.net
Oscar Lucién: En la presentación de su Memoria y Cuenta a la
Asamblea Nacional, el presidente de la república hizo una cadena nacional
de casi seis horas. En otras palabras, durante todo ese tiempo, ejecutó
un virtual cierre de los canales privados.
Independientemente del contenido de lo allí expresado ¿qué
opinión tiene de este empleo abusivo de los medios de comunicación?
Como cuestiona en su libro: ¿es posible una relación “justa”
entre poder, medios y sociedad?
Antonio Pasquali: Usted menciona uno de los peores abusos de posición
dominante que comete nuestro presidenteautócrata, adicto a descargarle
al país una verborrea de 38 minutos diarios para sentirse en forma. Es
un caso sin precedentes históricos de esa talla, brotado de su personal
resentimiento hacia una radio-televisión alineada en el año 2002
con las fuerzas que estuvieron a un tris de defenestrarlo.
Él quisiera hacernos creer que nos está vengando de abusos iguales
y contrarios precedentemente cometidos por los medios; en realidad, ese pseudo
Robin Hood de los micrófonos sólo multiplica por dos los males
crónicos, pues a la acostumbrada carga comercial añade una segunda
y bien indigesta, la ideológica, que propina con maleducados cortes,
en evidente intención de fastidiar. Así, la doble pantalla del
11-A se nos ha convertido en política nacional de comunicaciones, con
los poderes económicos e ideológicos peleándose los medios
ante el enmudecido usuario. Sume a eso autocensuras y mordazas impuestas por
la Ley homónima, los kilométricos “Aló, presidente”,
la conversión de todos los medios públicos en implacables destilerías
ideológicas del régimen, los titubeos de algunos privados, listos
para una larga convivencia con el chavismo, y la muy fuerte expansión
del poder mediático gubernamental, y tendrá usted la receta “siglo
XXI” de un neo-control comunicacional :
despiadado ninguneo de la oposición (la fórmula de Tocqueville
reforzada) incesantes micro-restricciones en la libertad de estar comunicados,
saturación gubernamental del espacio mediático. Embriagado por
sus “triunfos”, el chavismo pudiera finalmente abrazar el modelo
cubano-soviético y acabar con el pluralismo, lo que también haría
en su estilo “siglo XXI” : comprando, amedrentando o domesticando
(vía cooperativas de régimen, por ejemplo) la totalidad del sistema
mediático nacional.
OL: ¿Pero eso no es una modalidad de pensamiento único?
AP: Efectivamente, el “pensamiento único” (inventado por
cierto por dictadores y por los socialismos reales) es malísimo cuando
es de los demás. En su arenga al Foro Social Mundial titulada “Socialicemos
los Medios”, el activista Gonzalo Gómez (Aporrea del 24 de enero)
pregona sin medias tintas la socialización de absolutamente todos los
medios, “autogestionados con recursos del Estado” para que no quepan
dudas, y de paso la re-nacionalización de CANTV.
OL: ¿A qué se refiere cuando habla de “incesantes micro-restricciones
en la libertad del estar comunicados” ?
AP: Luis Aníbal Gómez, el venezolano que más sabe de Opinión
Publica, siempre me recuerda que Perón nunca cerró medios con
brutal imposición política: les mandaba funcionarios de sanidad
a dictarles un año de clausura por baños sucios. En la política
chavista de comunicaciones aparecen sucesivas apretadas de tuercas de peronista
metodología. No pasa semana casi sin que el Seniat, la Fiscalía,
Conatel o algún Tribunal no estén demandando, allanando, multando,
fiscalizando o amedrentando medios indóciles por las más variopintas
razones; el gobierno ha logrado la supresión de prominentes programas
adversos al régimen; hay un evidente intento por poner de rodillas la
CANTV probablemente para re-nacionalizarla,
lo que facilitaría tanto el espionaje telefónico como el control
telemático del país (de datos electorales, por ejemplo) ; a los
concesionarios de cable se les impone sacar de pantalla un día la BBC,
el otro la Deutsche Welle para reemplazarlas por ANTV o Telesur ; el gobierno
ingresa al capital o a las juntas directivas de medios, y compra más
y más espacios comerciales para difundir sus programas; el esfuerzo editorial-ideológico
del gobierno no tiene antecedentes históricos en el país; ciertas
prolongadas e inexplicadas “caídas” de Internet, ciertos
“firewall” en el e-mail ya suenan francamente sospechosos. Es pues
un goteo incesante de limitaciones que va paulatinamente reduciendo nuestra
capacidad de elegir fuentes. Tal vez el “socialismo del siglo XXI”
consista en lograr resultados castristas por vías electorales, formalmente
democráticas y hasta de mercado, un método perfectamente bien
definido por un procaz refrán criollo.
OP: Sí, el acaparamiento por el estado del poder comunicacional, en lugar
de devolvérselo a la ciudadanía, es un hecho. El gobierno acaba
de asignar 14 millardos a ANTV. ¿Ve usted la programación de esa
emisora?
AP: Sí la veo. Todo lo que no sea retransmisión de debates parlamentarios
(aunque con el soviet ahora instalado en el Capitolio el término “debate”
se vuelve pleonástico), es allí propaganda ideológica pura
y dura, un revelador más de que nuestros poderes públicos ya no
son independientes. El esfuerzo ideológico del gabinete social chavista,
con Educación, Comunicaciones y Cultura en primera fila, secundados por
el Legislativo y el Judicial, poderes ancilares, es sencillamente colosal. La
oposición debería ojear siquiera las publicaciones chavistas,
ver su TV y oír sus radios “comunitarias” (algunas con comisario
político cubano incluido), pasearse por los sitios Internet de centenares
de ONG internacionales pro-chavistas financiadas por Venezuela (el gobierno
acusa a “Súmate” de una fechoría que él comete
al por mayor), revisar las publicaciones que promueven el delirio de liderazgo
planetario del teniente coronel Chávez o leer los libritos doctrinarios
que Monte Ávila publica a un millón de ejemplares el título,
para enterarse de lo que se prepara.
OP: Pasando ahora a aspectos metodológicos, usted utiliza en su libro
las categorías de Acceso y Participación para medir el grado de
desarrollo comunicacional de las democracias. ¿No cree usted en ese sentido
que Internet es una fuente extraordinaria de participación?
En una oportunidad dijo usted que el estado chavista se había dotado
de instrumentos legales para controlar incluso la red, como lo hace por ejemplo
China.
AP: Sí, hago abundante empleo de esos dos términos que expresan
grosso modo el recibir (acceso) y el emitir (participación) mensajes.
Allí donde la actividad comunicacional de una sociedad es reducida al
mero acceso, aún libre y plural, a mensajes, falta la otra mitad participativa
y emisora para poder hablar de “comunicación” cabal. Sólo
la co-presencia activa de ambas funciones asegura genuina reciprocidad y por
ende democracia.
Una vez expresé a Jean Voge, jefe de investigaciones de France Telecom,
la envidia que sentía hacia personas como él que lejos de vérselas
con las complejidades de la radiotelevisión, trabajaban sobre el medio
más democrático del mundo, el único auténticamente
bidireccional y dialogal, el teléfono; a lo que me respondió que
eso era sólo parcialmente cierto, ya que la telefonía no sería
cabalmente democrática sino el día que todo ciudadano (y no sólo
los potentados de la tierra) pudiera levantar la bocina y dirigirse a uno, 500
o 100 mil interlocutores a la vez. Esa genuina democracia comunicacional ha
llegado con Internet: cada quien puede ahora dirigirse a “n” personas
del mundo entero, con la distancia y el número de interlocutores de variables
irrelevantes. Internet ha devuelto al ciudadano raso el poder emisor acaparado
durante 70 años por esas tecnologías intermedias que fueron la
Radio y la Tv.
Sin embargo, los abusadores por un lado ( “spams”, pedofilia, neo-nazis,
hackers etc.), y ciertos imperativos del antiterrorismo, han reintroducido en
ese paraíso comunicacional limitaciones más o menos necesarias.
Ambas razones son más bien esgrimidas como pretexto para el control de
la mensajería, y aquí dos grandes escuelas se enfrentan: la primera
encabezada por China, Cuba y otros 13 países que bloquean total o parcialmente
Internet con la activa cooperación de los grandes servidores internacionales
(Yahoo reveló a Pekín el nombre de un disidente, y el 25 de enero
Google pudo estrenarse en China tras aceptarle al gobierno una lista de sitios
y contenidos prohibidos), y la segunda por Estados Unidos, que no bloquea nada
pero lo controla absolutamente todo con sofisticadísimas tecnologías
de espionaje (Echelon, Fluent, Oasis o Carnivore) . Kirchner -un peroncito que
está buscando bronca con los medios argentinos- pareciera de escuela
chino-cubana (acaba de limitar a 500 mensajes diarios el envío de correspondencia
electrónica), mientras que Chávez con su estilo “siglo XXI”
es probablemente un émulo de su execrado y tan parecido Bush: quizás
no se atreva a filtrar pero de seguro que lo querrá controlar todo. No
olvidemos que en un par de años dispondrá de un satélite
construido fuera del control tecnológico occidental, que probablemente
re-nacionalizará la CANTV, y sobre
todo que ya dispone de la plataforma jurídica necesaria, el Art. 208
de la Ley Orgánica de Telecomunicaciones, que reserva al ejecutivo nacional
“la ley que regule el contenido de las transmisiones y comunicaciones
cursadas a través de los distintos medios de telecomunicaciones”
OP: Para emplear una expresión de uso corriente en estos días,
¿considera usted que ha arado en el mar con su prédica por un
servicio público de radiotelevisión?
AP: No. Llevamos décadas nadando contra una praxis nacional y latinoamericana
difícil de erradicar por una maraña de intereses cruzados, pero
nuestra hora pudiera estar cerca. La población ha sido sometida a una
radicalización maniquea de los medios radioeléctricos tan grande
y demoledora, que ahora hasta el más desprevenido de los usuarios siente
como la necesidad de un tercer polo comunicacional que deje de manipularlo,
que sea más creíble y útil. Hay pues un acercamiento espontáneo
a la noción de genuino “servicio público”, libre de
imposiciones gubernamentales y mercantiles.
En este momento en que toda la capacidad pública de emisión se
halla confiscada por la facción en el poder, el peor enemigo de un cambio
así es el propio chavismo. Pero esa esperanza está ahí,
sembrada de por vida. ¿Quién ha dicho que no podremos darnos un
día una buena BBC criolla? Los que se precipitan a contestar que “no
somos Suiza” han generalmente medrado de la actual comunicación-chatarra.
OL: Usted ha llamado mucho la atención, dentro y fuera de las aulas,
sobre los aspectos económicos del comunicar, y en su último libro
“ 18 Ensayos sobre Comunicaciones” dedica un capítulo al
costo de un Servicio Público de Radiotelevisión. ¿Qué
tan importante es ese discurso?
AP: En ese aspecto, somos un rancherío del fin del mundo: los gobiernos
llevan 80 años fingiendo ignorar la dimensión económica
de una radiotelevisión de servicio público, y los privados (que
me perdonen los propietarios de emisoras, no es con ánimo de ofender)
han cubierto el país de emisoras tamaño pulpería, con unas
poquísimas tamaño abasto y ninguna tamaño hipermercado.
Nuestros costos de funcionamiento y producción en radiotelevisión
no son comparables con los standards internacionales. Lo primero que no funciona
en Telesur o en ANTV, por ejemplo , son sus presupuestos enanitos, entre 7 y
10 millones de dólares anuales, cuando una televisión decente
cuesta 80.000 dólares la hora. Nadie sabe qué presupuesto maneja
hoy el Canal 8, supongamos que oscile entre 10 y 20 millones de dólares
anuales. Los de los servicios públicos ingleses, italianos y franceses
son respectivamente (cito de memoria) de 5700, 3200 y 3100 millones de dólares
al año. Analizando eso descubrí una especie de constante presupuestaria
que facilita los cálculos. Esos tres países europeos gastan en
sus servicios radiotelevisivos públicos, año más año
menos, el 36% de lo que invierten en su educación superior pública.
Por cada 10 dólares a las universidades, dan 3,60 dólares a su
radiotelevisión pública. Como debe ser. Aplicando esa constante
a Venezuela mutatis mutandis, nuestra radiotelevisión pública
debiera estar viajando en los 500 millones de dólares anuales.
OL: Permítame interrumpirlo para recordar a nuestros lectores que usted
habla de una radiotelevisión de servicio público no gubernamental,
para la cual ha elaborado y promovido un anteproyecto de ley.
AP: Efectivamente, un anteproyecto de ley elaborado por la Asociación
Civil Comité para una radiotelevisión de servicio público
ha dormido el sueño de los justos en el antiguo Congreso y ahora, con
la revolución, parece roncar esplendidamente en la Asamblea Nacional.
OL: En su conferencia magistral del postgrado en Comunicación de la UCV
usted presentó un contundente “elogio del pensar”. ¿Qué
atributos considera esenciales en la formación profesional del comunicador?
AP: La popularización de la carrera de Comunicaciones ha determinado
su descalificación masiva. América Latina es única en el
mundo, tiene 1.026 facultades y escuelas de Comunicación Social, una
barrabasada. Los venezolanos, que “sólo” tenemos 15, debiéramos
abrir pistas para un retorno a la calidad, que sólo podrá producirse
cerrando valientemente todas las escuelas de tercer nivel, las licenciaturas
(formadoras de “toderos” ) para dejar en vida el puro cuarto nivel
o postgrado, al que ingresaría gente que ya trae un saber propio y viene
a aprender el oficio de comunicarlo.
Por otro lado, nuestra historia reciente exige del comunicador que sea un lúcido
y racional analista capaz de “enfriar” la más candente diatriba
y las pasiones del ágora, de volverse creíble ante su audiencia-
sedienta de líderes de opinión confiables - a base de datos comprobables,
honestidad y capacidad de pensar.
Otra de las grandes claves para re-dignificar la profesión sería
la de volcarla sistemáticamente hacia el llamado “periodismo de
investigación”. Si hubiera una rutina al respecto, si por ejemplo
nuestros medios hubiesen montado desde un comienzo su propia investigación
paralela del caso Anderson, el gobierno no se hubiera atrevido a dar la escalada
que dio en materia de censura previa.
OL: Y para concluir: ¿qué atina a ver en el futuro de las comunicaciones,
cómo afectará la relación humana el incesante cambio tecnológico?
AP: Trabajo apasionadamente el tema del futuro, lo que infunde suma circunspección
a la hora de pronosticar. Sin embargo, de algo estoy apodícticamente
cierto, y lo diré con las palabras iniciales de la importante obra de
Ernesto Mayz Vallenilla Fundamentos de la Metatécnica:
“El presente y el futuro de la humanidad dependen del desarrollo de la
técnica”. Las Tecnologías de la Información y la
Comunicación, las TIC, llevan en eso la parte del león. La humanidad
gasta en ellas un increíble 13% anual de las riquezas que produce; es
inminente la salida al mercado de memorias de 1 terabyte (mil gigas) que para
dentro de cuatro o cinco años serán de 1 Petabyte (mil teras):
todo lo que la humanidad escribió en todos los tiempos e idiomas cabrá
en un rinconcito de nuestros discos duros; la Blue Gene/L de IBM
(un monstruo de 65.536 computadoras masivamente paralelas) acaba de alcanzar
una capacidad de cálculo de 360.000 millardos de operaciones/segundo.
La era pronosticada por Hugo de Garis - de unos artilecs o inteligencias artificiales
que comenzarán a considerar el cerebro humano como un soporte achacoso,
lento y reemplazable de la inteligencia - se avecina y pareciera irrefragable.
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