El Imperio Contraataca y Chávez ARRUGA- por Manuel Malaver
Domingo, 20 marzo 2005
Cinco declaraciones contundentes, continuas y en tropel de generales y funcionarios
del más alto nivel de la administración Bush fueron suficientes
para que el flamante presidente de la República Bolivariana de Venezuela,
líder máximo de la revolución mundial por la gracia de
Fidel Castro y caudillo bolivariano, Hugo Chávez Frías,
recobrara la calma, sacará la bandera blanca, comprendiera que la invasión
gringa no es “por ahora” y se tragara el burro muerto en la
reunión del “Gabinete Móvil” de Barquisimeto de
tener que decir: “Vamos a defender la tesis de que Estados Unidos necesita
tener buenas relaciones con Venezuela y nosotros también”.
O sea, que nada que ver con el Chávez guerrero, arrebatado, desafiante
e iracundo que en Montevideo, Delhi, Doha y París juraba una semana antes
odio eterno a los magnicidas imperialistas, amenazaba con resistir la invasión
imperialista y contrainvadir tierra norteamericana y prometía no dejar
que una sola gota de petróleo bolivariano calmara la sed del enemigo
de los pueblos del mundo si era que se atrevía “a hollar el sagrado
suelo de la patria”.
Y es que ahora resulta, y según “aclaró” Chávez
en Barquisimeto, que la amenaza contra los invasores no alcanzaba a las compañías
petroleras norteamericanas “siempre y cuando paguen regalías”,
que todo se reducía a advertir sobre un hipotético tiempo remoto
y que, entre otras cosas, “La intención del gobierno es seguir
enviando un millón, 500 mil barriles diarios a los
Estados Unidos”, pero, como la viudita de la canción infantil “Arroz
con leche”, “poniendo la mesa en su santo lugar”.
Pero lo más sorprendente del discurso del “Gabinete Móvil”
de Barquisimeto fue que Chávez admitió que había encontrado
“interesante” una declaración de la Secretaria de Estado,
Condoleeza Rice, en México, y según la cual, “Chávez
fue electo democráticamente y lo que esperamos es que gobierne democráticamente”.
“Venezuela” insistió el presidente “es un país
que está gobernado con más democracia que otros países.
Esta es una democracia abierta, de debate libre, a mi me dicen de todo, pero
no me importa que me digan lo que les de la gana. Yo lo que estoy es trabajando”.
Y por esa vía, o afirmación o confesión, llegamos a la
conclusión de que, o Chávez no lee los mensajes que desde
los inicios de su mandato le envían el jefe y los ministros de la Administración
Bush, o, si los lee, los interpreta a la manera de los buscapleitos que están
siempre granjeándose enemigos, ya porque los elogien o los insulten,
se les aproximen o les hagan la cruz cada vez que aparecen en el horizonte.
Porque es que en los 5 años de los dos períodos del gobierno de
Bush no ha existido una sola instancia, un solo funcionario, ni una sola
oportunidad en la que no haya quedado clara la “doctrina” del gobierno
norteamericano con relación al presidente Chávez: “El presidente
Chávez ha sido electo democráticamente dos veces, pero su gobierno
dista mucho de ser democrático. O sea, tiene legitimidad de origen, pero
no de ejercicio. Lo que se le pide a Chávez es que renuncie al carácter
antidemocrático y autoritario de su gobierno, porque si no tendremos
que ir a la OEA y la ONU y denunciarlo por antidemocrático”.
Acusación que si bien no es diferente, sí tiene sus matices con
relación a la “doctrina” del Pentágono, que fue expresada
la semana antepasada por el Subsecretario de Defensa, general, Roger Pardo Maurer,
y el Jefe del Comando Sur, Brantz Cradoock y que más o menos puede graficarse
así:
“Chávez se ha convertido en un factor de perturbación en
la región y ya no puede ocultarse su apoyo a la guerrilla colombiana
y a otras fuerzas dirigidas a subvertir el orden en las democracias más
vulnerables del subcontinente. Está, además, la compra de armas
a Rusia, realizada de manera no transparente y en circunstancias tales que nadie
garantiza no irán a parar a manos de terroristas e irregulares. Por tanto,
debe implementarse una acción a nivel continental contra la subversión
chavista y Estados Unidos está decidido a auspiciarla”.
Pero es evidente que más allá de matices, de que una “doctrina”
sea política y otra militar y de que en el extraño universo de
la diplomacia norteamericana las dos no tienen porque significar lo mismo, las
dos declaraciones o tesis enviaron urbi et orbi un mensaje muy claro y sin equívocos
para el presidente Chávez y que, pienso, es el origen del cambiazo trazado
en el discurso del “Gabinete Móvil” de Barquisimeto:
“Los Estados Unidos no rehuirán un conflicto con Chávez
y están dispuestos a sostenerlo hasta sus últimas consecuencias.
Y no importa a este respecto que Chávez amenace con la suspensión
del 15 por ciento de crudos que suministra a la economía norteamericana.
No se trata, por cierto, de una cantidad importante y puede ser comprada en
otros mercados. Más riesgos se corrieron en Afganistán e Irak
y Bush, no solo los enfrentó, sino que salió exitoso. De modo
que si Chávez nos busca, nos encontrará”.
Y es aquí donde yo apuesto que comenzó el crujir de dientes, el
temblor de piernas, el agitar de manos, el frío, el sudor y todos los
flujos líquidos que invaden a todos los que inconscientes de un peligro,
se atreven a desafiarlo, pero una vez que lo tienen en frente no les que queda
otro escape que correr y decir que “no los comprenden y los juzgan por
las opiniones de otros”.
Y es que las preguntas que se deducen del mensaje son tan contundentes, como
apremiantes: ¿Qué será de Chávez y su experimento
si deja de venderle ese millón, 500 mil barriles diarios de crudo a los
Estados Unidos? ¿Habrá más petróleo subsidiado y
dólares para Cuba, el Caribe, Centroamérica, Brasil, Argentina,
Uruguay y el montón de “amigos” desinteresados que se tropieza
a troche y moche la “revolución bolivariana?
¿Cómo pagarle a los hermanos rusos los 3 mil 500 millones de dólares
que cuesta el primer tramo de la adquisición de 100.000 fusiles Kalashnikov,
40 helicópteros de transporte y 50 aviones de combate MIG-28? ¿Y
qué de los acuerdos con los hermanos iraníes, chinos, qataríes,
indios, malasios y tantos otros que celebran con tanto entusiasmo y solidaridad
cada vez que el nuevo San Nicolás de la revolución mundial se
aparece en sus aeropuertos y empieza a repartir discursos, besos, promesas y
contratos?
¿Y qué de las misiones, del modelo de desarrollo endógeno,
de los aportes a Ley Habitacional y de Habitat, a la Ruta de la Empanada, a
las remodelaciones de las oficinas públicas y de las partidas presupuestarias
para las empresas del Estado, a la Ley del FIDES y tantos otros planes, tantos
planes que sin recursos, olvídense, que ni siquiera van a arrancar?
¿Y de tanto nuevo rico revolucionario como Ruperti, Aires Barreto, Bermúdez,
Sarría, Albornoz y de otros próceres que en cuanto sientan que
la revolución entra en la etapa de los rendimientos decrecientes, pues
se mudan a otro país y a otra revolución?
¿De intelectuales y teóricos tarifados como Ramonet, Dieterich,
Hanecker y Godeling, sin posibilidades de acceder a otros mercados donde sus
antiguallas se compren en tal abundancia y a precios tan elevados?
Porque es verdad que hay 24 mil millones de dólares en reservas internacionales
¿pero no es menos cierto que con tanto gasto exacerbado, manirrotismo,
corruptelas, pedigueñería, hermanos interesados, turismo ideológico
y revolucionario, compra de armas y regalos para los aliados desaparecerían
en menos de 6 meses, en lo que espabila un cura loco?
O sea que ¡pobre presidente Chávez y pobre revolución bolivariana!..Tan
cerca de los Estados Unidos y lejos de China y otros mercados de Asia que a
la vuelta de 20 años podrían ser los únicos en capacidad
de comprar el millón, 500 mil barriles diarios que hoy compran los imperialistas
del norte.
Y es aquí donde yo pienso que Chávez paró en seco, respiró
hondo y dijo que el problema con los Estados Unidos había que solucionarlo
y llamó a Rangel, Izarrita, Maduro y Chacón para ordenarles que
rebobinaran y comenzarán a decir lo que habían dejado de decir
cuando comenzó la guerra con los Estados Unidos.
O sea, que no había que tomarse las cosas tan a pecho, que los dos países
se necesitaban y Chávez nunca había hablado de cortar los suministros
petroleros.
Y Rangel, Izarrita, Maduro y Chacón rebobinaron y comenzaron a hablar
según la orden y como si Bush, el magnicidio, la invasión y el
imperialismo nunca hubiesen existido.
Y otros que fueron llamados a capítulo fueron los generales teóricos
de la “guerra asimétrica”, Baduel, García Carneiro
y Alí Uzcátegui, quienes simplemente fueron conminados “a
dejarse de hablar pendejadas” y concentrarse en la única
guerra que hay de verdad en Venezuela: la del poder militar, caudillesco y autocrático
contra la sociedad civil, plural y democrática.
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