Tomado de ElNacional.com
Vuelve la Historia Viva del fallecido columnista Jorge
Olavarría
Seis ensayos inéditos del columnista de El Nacional sobre la actualidad
política militar venezolana serán publicados los domingos. En
la primera entrega, el escritor analiza el discurso que pronunció el
Presidente el 16 de mayo de 2004, a propósito del Día del Ejército.
Un 24 de junio como hoy, hace 184 años, en una pequeña sabana
cercana a Valencia llamada Carabobo, 10 mil hombres trabaron combate y entraron
en batalla campal. De un lado estaban los que obedecían las órdenes
del mariscal de campo Miguel de la Torre. Del otro, los que peleaban bajo las
órdenes del general en jefe Simón Bolívar.
Vencieron los que luchaban por todo lo que significaba la bandera tricolor de
una república que, 10 años antes, había decidido hacerse
independiente y había aprobado la primera Constitución del mundo
hispánico para organizar el ejercicio de su soberanía y regular
la vida libre de sus ciudadanos.
Esa victoria, decisiva para la liberación de Valencia, Caracas y la zona
central de Venezuela, le permitió a Simón Bolívar llegar
a los valles donde estaban las tierras que él y sus antepasados habían
trabajado desde hacía tres siglos, y regresar a la casa de Caracas donde
había nacido y la cual había tenido que abandonar en junio de
1814 ante el avance arrollador de la horda salvaje capitaneada por Boves y Morales,
cuya prédica de odio racial y pillaje había capturado la voluntad
bárbara e ignorante de quienes les seguían.
La Batalla de Carabobo se conmemora como el día del Ejército que
allí venció. No voy a recordar las glorias pasadas de ese Ejército.
Voy a escribir de sus miserias presentes. Del estado en el que se encuentra
hoy el Ejército vencedor de Carabobo, que se dice forjador de libertades,
tras seis años de gobierno del primer militar que tuvo la honra de ser
elegido por el voto popular presidente de la República; y hoy tiene que
cargar con la vergüenza de haber sido el primer jefe del Estado de Venezuela
y del mundo sometido a referéndum revocatorio de su mandato por la voluntad
y el coraje cívico de 3 millones y medio de ciudadanos que lo solicitaron
abiertamente, con sus firmas, muchos de los cuales han sido víctimas
de miserables represalias.
El 16 de mayo 2004, el presidente Hugo Chávez pronunció un discurso
muy importante que no ha sido debidamente estudiado, que tiene mucho que ver
con el Ejército cuyo día se conmemora. Lo pronunció ante
una multitud integrada por activistas mercenarios, que han ocupado el casco
histórico de Caracas, donde están los edificios de los poderes
públicos nacionales, la plaza donde fue ajusticiado en 1799 José
María España y las iglesias que fueron lugares de tanta historia,
como la Catedral, de donde el gobernador y capitán general Vicente Emparan
fue sacado un día de abril de 1810 para que acudiera al cabildo; y la
iglesia de San Francisco, donde un día de 1813 se le dio a Simón
Bolívar el título de Libertador.
Esa zona de la capital de la República está hoy ocupada por seguidores
del Presidente que atacan con absoluta impunidad a quien sepan adversa el Gobierno.
Allí están las calles y las casas en las cuales nacieron Francisco
de Miranda, Andrés Bello, Francisco Javier Ustáriz, Simón
Bolívar y tantos más. Esa zona ha sido convertida en un antro
sucio, maloliente y asqueroso, ocupado por una chusma mercenaria pagada desde
1999 por la Alcaldía del Municipio Libertador para que esté presta
en cualquier momento y pite, insulte y ataque; o aplauda y asista a las manifestaciones
a las cuales es convocada.
Esos mercenarios eran una parte importante y vociferante de la multitud que
se congregó el 16 de mayo 2004 en la avenida Bolívar, reforzados
para esa ocasión por miles de hombres y mujeres traídos, y atraídos
por el pago que se les dio, desde los cuatro puntos cardinales de Venezuela,
transportados en 1.114 autobuses (hubo quien los contó) para que fueran
filmados y fotografiados como prueba de la popularidad de un presidente a quien
no le quedaban muchos días para someterse a la verdadera prueba de un
referéndum revocatorio.
El Consejo de Defensa de la Nación es convocado
Ante esa multitud, amaestrada para seguir los llamados de su bien timbrada
voz, el presidente Chávez, en cadena nacional de radio y televisión,
anunció que la revolución bolivariana, después de cinco
años y tres meses de gobierno, había entrado en una etapa antiimperialista”,
y que esa etapa obligaba a acciones que se manifestaban en tres líneas
estratégicas que habían sido el fruto de los grupos de trabajo
del Consejo de Defensa de la Nación.
El artículo 323 de la Constitución, que creó el Consejo
de Defensa de la Nación, estipula que este cuerpo sea presidido por el
propio jefe del Estado, y esté formado por el vicepresidente ejecutivo,
los presidentes de la Asamblea Nacional, el Tribunal Supremo de Justicia y del
Consejo Moral Republicano, además de los ministros de la Defensa, del
Interior y Justicia, Relaciones Exteriores y Planificación.
Según el artículo 323, el Consejo de Defensa de la Nación
es el máximo organismo de consulta para el asesoramiento y planificación
de todos los asuntos relacionados con la “defensa integral” del
país y le corresponde “establecer el concepto estratégico
de la Nación”. Una ley debe normar su organización y atribuciones.
Los conceptos Seguridad de la Nación y Defensa Integral de la Nación
son parte fundamental de la normativa del título séptimo de la
Constitución.
Los conceptos Seguridad y Defensa integral no tienen antecedentes en la tradición
constitucional venezolana; no están en el texto de ninguna Constitución
democrática del mundo, pero son la piedra angular de un modelo sui géneris
de autocracia militarista que, según la letra de la Constitución
“bolivariana”, tiene facultades para actuar como poder tutelar y
rector de todos los poderes del Estado.
El Consejo de Defensa de la Nación había sido convocado de urgencia
por primera vez varios días antes debido a la alegada “invasión”
de un centenar de supuestos paramilitares colombianos, hallados casualmente
por policías de Baruta, a quienes les llamó la atención
los uniformes militares de camuflaje que vestían los pasajeros de un
autobús civil que fueron sorprendidos mientras comían cachitos
de jamón de la afamada pastelería Danubio sin que se les encontrara
arma alguna.
Como preámbulo del anuncio de las tres líneas estratégicas,
que serían la última expresión de la fase de “profundización
y consolidación de la revolución en su etapa antiimperalista”,
Chávez ordenó a los alcaldes y gobernadores presentes en esa concentración
que expropiaran tierras “Constitución en mano”…
...“nosotros estamos obligados a derrotar el latifundio, que sigue intacto
en Venezuela”, dijo. “Ello está escrito en la Constitución,
está ordenado por el pueblo y a nosotros no nos queda otra alternativa
que cumplir la orden del pueblo, estamos obligados, cueste lo que cueste, a
cumplirla. No podemos nosotros permitir que nos vaya absorbiendo un espíritu
conservador, la media tinta, el guabineo. No. O somos o no somos, he allí
un asunto crucial”.
Tras esto, Chávez dijo que la Ley del Tribunal Supremo de Justicia -que
acababa de ser aprobada- sería activada inmediatamente, porque “no
se había aprobado para archivarla, sino para que se cumpliera”.
Dijo que en ese alto tribunal había un cáncer…
“Si nosotros no extirpamos ese cáncer que está carcomiendo
las estructuras del Poder Judicial, mañana o pasado mañana la
república bolivariana entraría en pérdida como un avión
cuando entra en torbellino”. Seguidamente dijo: “Sólo así
podemos liberarnos de las ataduras que a veces parecieran asfixiarnos en la
batalla contra el latifundio. Porque en algunas partes del país hemos
entregado cartas agrarias que luego son desconocidas por tribunales regionales
o locales, que impiden a los campesinos ocupar las tierras; vean ustedes hasta
dónde es importante profundizar de ahora en adelante la aplicación
de la Constitución, de las leyes y, en resumen, del proyecto revolucionario”.
Las tres líneas estratégicas
Con este preámbulo, Chávez pasó a explicar las tres líneas
estratégicas de la nueva etapa antiimperialista de la revolución,
que, según dijo, eran producto del Consejo de Defensa de la Nación,
convocado de urgencia por la invasión de los paramilitares. Señaló:
“Llegó la hora de revolucionar la seguridad y la defensa nacional.
Llegó la hora de reconceptualizar y reorientar; hemos hecho algunas cosas,
pero limitadas todas ellas, todavía a veces amarrado por los viejos conceptos”.
Chávez anunció que la primera línea estratégica
de la defensa nacional de la fase antiimperialista de la revolución era
el “fortalecimiento” del componente militar.
Advirtiendo que ello no era el inicio de una carrera armamentista, anunció
que incrementaría el contingente del Ejército, para lo cual dijo
haber asignado más de 20 millardos de bolívares para el Ejército
y la Guardia Nacional. Dijo que desde hacía dos años se estaban
“reparando” tanques de guerra, aviones, helicópteros, submarinos,
lanchas, vehículos, fusiles, camiones, ametralladoras, y… sólo
si fuese necesario… se estaba evaluando, la compra de nuevo material de
guerra.
Además, anunció la posibilidad de instalar teatros de operaciones
militares en la región central del país, para hacerle frente a
la invasión de los paramilitares hallados desarmados, comiendo cachitos
de jamón.
La segunda línea estratégica tampoco era nada nuevo. Era la repetición
de la práctica de lo que desde 1999 se viene llamando la “unión
cívico-militar”, y que consiste en la ocupación de cargos
en la administración pública y en las empresas del Estado por
militares activos; la atribución de facto a los comandantes de guarnición
de funciones de tutoría y vigilancia de las gobernaciones; y los programas
de venta de víveres subsidiados por oficiales y soldados en plazas públicas.
Chávez dijo que esa unión había adelantado mucho en los
cinco años que llevaba gobernando, pero que en la fase antiimperialista
en la cual ahora había entrado la revolución bolivariana, era
necesario continuarla y acentuarla. Estas fueron sus palabras:
“Compete a ustedes, gobernadoras, gobernadoras, alcaldes, comandantes
militares de todos los grados y rangos, seguir trabajando en la unión
cívico-militar; entre los comandantes de las guarniciones y los gobernadores,
los alcaldes, y los jefes de batallones”.
Dicho esto, Chávez pasó a definir la tercera línea estratégica
que, según dijo, “toca la médula del concepto de la defensa
integral”.
¿Cuál es ese concepto? ¿En qué consiste? ¿A
qué autoriza? Responder estas preguntas no es fácil, porque ésta
es otra de las trampas semánticas de la Constitución bolivariana,
quizás la más peligrosa de todas.
La doctrina de la seguridad nacional
La idea o doctrina de la seguridad de la nación no tiene precedente
en las constituciones venezolanas. Tampoco está definida en el artículo
322. Allí sólo se dice que la seguridad de la nación es
“competencia esencial y responsabilidad del Estado”. Veamos con
cuidado la letra de este artículo:
“La seguridad de la Nación es competencia esencial y responsabilidad
del Estado, fundamentada en el desarrollo integral de ésta y su defensa
es responsabilidad de los venezolanos y venezolanas; también de las personas
naturales y jurídicas, tanto de derecho público como de derecho
privado, que se encuentren en el espacio geográfico nacional”.
¿Desarrollo integral de la seguridad? ¿Qué significa eso?
¿Defensa de qué? ¿De la nación? ¿De su seguridad?
El artículo 323 dice que corresponde al Consejo de Defensa de la Nación
definir el “concepto estratégico” de la defensa de la nación.
Y el artículo 326 estipula que la seguridad de la nación se fundamenta
en la “corresponsabilidad del Estado y la sociedad civil”.
Este enredo -cuando menos- subvierte el principio constitucional básico
de lo que son y deben ser las cargas del Estado, una de las cuales es el mantenimiento
del orden y la defensa de la integridad territorial de la República.
A pesar de la redacción deliberada mente confusa de estos artículos,
y hasta por eso mismo, se puede deducir que la defensa nacional deja de ser,
o no es, de la competencia exclusiva del Estado, pues su responsabili dad pasa
a ser “compartida” con los ciudadanos que pasan de protegidos pasivos
a protecto res activos. Esto lleva a la necesidad de asignarles a los ciudadanos
los medios y las armas para cumplir la parte que les corresponde en la responsabilidad
que comparten de la de fensa nacional.
Por esa tortuosa vía se llega a la justificación aparentemente
legal y constitucional de la creación de las “milicias populares”.
Por su carácter y formación, las milicias populares no están
ni pueden estar sometidas ni integradas a la cadena de mando de la autoridad
militar del Ejército, en forma disciplinada, obediente y militarmente
subordinada, sino que obedecerán al mando del jefe o de los jefes de
quienes serán ejército particular.
Por la interpretación que de los conceptos de Seguridad nacional y Defensa
integral hizo el Presidente ese día, quedó claro que el propósito
y razón para la creación de las milicias populares es la defensa
de la llamada revolución bolivariana.
Esto constituye una brutal regresión histórica, un peligroso salto
atrás y una invitación al caos y la anarquía. Y esto fue
lo que Chávez anunció y ordenó, como lo vamos a ver.
Ahora se puede ver claro lo que otros constituyentes y yo advertimos en 1999,
que el concepto de Seguridad de la nación era una norma constitucional
peligrosa, antidemocrá tica y deliberadamente confusa que podía
ser interpretada y practicada como lo hizo Hugo Chávez en la concentración
popular del 16 de mayo de 2004.
Allí, Hugo Chávez reveló, por primera vez, cuál
era su lectura interpretativa del título séptimo de la Constitución.
Lo expuso como el fundamento constitucional de la creación de las milicias
populares que deberán defender la revolución de sus enemigos.
Estas fueron las palabras textuales del Presidente, que deben ser leídas
con mucho cuidado:
...“es la primera vez que yo invito a leer el título séptimo
de la Constitución. Yo quiero que ustedes interpreten el significado
y capten el significado de este llamado. Yo, en cinco años que tiene
la Constitución, los he invitado a leer el capítulo del sistema
socioeconómico, de los derechos humanos, de la democracia protagoniza
y todo eso. Pero hoy, 16 de mayo de 2004, es la primera vez que yo los invito
a ustedes, mi pueblo, a ustedes gobernadores, alcaldes, líderes, diputados,
líderes de partidos, militares, a que leamos el título séptimo
que se llama de la Seguridad de la Nación, para que captemos, primero
que nada, el concepto constitucional de lo que es la defensa integral de la
nación, de lo que es la seguridad integral de la nación y cómo
estos dos conceptos están intrínsecamente relacionados: la seguridad,
la defensa nacional. Y para que veamos cómo la Constitución dice
que la seguridad y la defensa integral del país es una responsabilidad
compartida del Estado y de la sociedad, del Gobierno y del pueblo, de todos
los ciudadanos y de todas las ciudadanas. Por eso es que hoy lanzo, basándome
en el mandato constitucional, el concepto de la defensa nacional popular integral”.
Chávez continuó diciendo que se habían dado los primeros
pasos en este camino, organizando la reserva militar. Pero eso no era suficiente.
Dijo que el Ejército nacional ya cuenta con una fuerza de reserva cercana
a 50 mil hombres y anunció que se pasaría a una segunda etapa,
rumbo a 100 mil hombres y mujeres, pero que eso tampoco basta. Sus palabras
textuales fueron estas:
“Se trata ahora de la incorporación masiva del pueblo venezolano
a la defensa integral del territorio, en todas partes. Para ello, cada ciudadano
debe considerarse un soldado; cada ciudadana debe considerarse una soldada ¿dónde
están las soldadas? ¿dónde están los soldados?”,
preguntó a la multitud, que respondió: ¡Aquí! ¡Aquí!
Y continuó: “Todos debemos incorporarnos en esta nueva etapa, a
este concepto de defensa integral y popular de la nación, conjuntamente
con nuestra Fuerza Armada y apoyados por nuestra Fuerza Armada”.
Para comandar esas milicias populares y las fuerzas de reserva (que fueron mencionadas
como parte de las milicias populares), Chávez anunció que había
comenzado a seleccionar militares profesionales retirados para que… (palabras
textuales): “Se incorporen en las tareas de la organización popular
para la defensa del país, en cada barrio, en cada quebrada, en cada isla,
en cada campo, en cada universidad, en cada fábrica, en cada selva, en
cada lugar donde haya un grupo de patriotas, ahí deben estar organizándose
para la defensa territorial, para la defensa nacional. ¡El pueblo protagonizando
junto a la Fuerza Armada, la defensa del país!”
Chávez dijo que en las próximas semanas, ¡eso sí!
con la asesoría del Consejo de Defensa de la Nación, como manda
la Constitución, comenzaría a dar directrices y lineamientos para
formar las milicias populares. Para ello pidió el apoyo de los poderes
locales, de los movimientos sociales, de las corrientes populares que lo apoyan.
“Luego de esa organización popular para la defensa nacional, para
apoyarla iremos designando unidades militares, militares activos, reservistas
y por eso llamo, en primer lugar, a hombres como Reyes Reyes, Castro Soteldo,
Otayza Castillo, Diosdado Cabello, Jesse Chacón, Grüber Odremán,
Cabrera Aguirre, Blanco La Cruz, Aguilarte Gámez, Florencio Porras,”.
De último mencionó al capitán Pedro Carreño, quien
como diputado de la Asamblea Nacional comandaría el ‘pelotón’
en el Poder Legislativo, al cual se incorporaría a la comandante “fosforito”,
como llaman a la parlamentaria Iris Varela.
En ese momento, el Presidente dijo haberse percatado de la presencia del ministro
de la Defensa, y dijo: “¡Ah! con nosotros está el general
en jefe García Carneiro! ¡no lo había visto! Pido un aplauso
para él, compañero de muchos años. Pido una ovación
para la Fuerza Armada republicana. ¡Viva la Fuerza Armada venezolana!
¡Viva el pueblo venezolano! ¡Viva la unión cívico-militar!
Esto último que he dicho es la orden de operaciones, ¡está
dada la orden de operaciones! ¡Que comience, pues, desde hoy mismo la
organización popular y militar para la resistencia, para la defensa del
país porque esta revolución seguirá avanzando a paso de
vencedores”…
En público, en cadena nacional de radio y televisión, el Presidente
le dio al ministro de la Defensa la orden de operaciones para iniciar, ese mismo
día, la organización popular y militar para la resistencia, para
la defensa de la revolución.
El Presidente concluyó su discurso invocando al comandante en jefe Cristo
redentor, crucificado y resucitado.
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