Center for Security Policy
OCCASIONAL PAPERS SERIES
May 2005 (Versión
en lengua castellana) No.
6
QUÉ HACER EN TORNO A VENEZUELA
por J. Michael Waller
Center for Security Policy
1920 L Street, NW, Suite 210, Washington, DC 20036
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QUÉ HACER EN TORNO A VENEZUELA
Por J. Michael Waller
Introducción
Entre
los legados más preocupantes que ha heredado la Secretaria de Estado
Condoleezza Rice se encuentra el de la negligencia hacia el Hemisferio Occidental,
un legado que ha servido para disminuir gravemente la estatura e influencia
de los Estados Unidos en la mayor parte de las Américas. Esto se debe
en parte a una auto-impuesta abdicación a las obligaciones de la Nación
para con la seguridad hemisférica. La Secretaria Rice ha señalado
mediante su reciente viaje a la región y en un discurso mayor pronunciado
hoy que su intención es afrontar el problema—y cuanto antes mejor.
Hoy
día, los amigos de Washington en Latinoamérica se encuentran
aislados, desilusionados y desconcertados. Mientras tanto, los enemigos de
la libertad adelantan sus objetivos en nuestro hemisferio con una efectividad
jamás vista desde la presidencia de Jimmy Carter en los años
1970. La falta de una estrategia coherente hacia la región por parte
de los EEUU desde fines de la Guerra Fría, y sobre todo después
de 2001, ha permitido que otros autores entren y dominen el escenario.
Estos
autores abarcan desde las viejas y obsesionadas figuras, como el dictador
cubano Fidel Castro, y los reanimados terroristas de los años 1970,
ahora hechos políticos, como el nicaragüense Daniel Ortega, hasta
el propio Carter, cuya continua obra internacional de certificar los resultados
electorales les ha suministrado a las fuerzas antidemocráticas de la
región un indispensable escudo político. De hecho, podría
decirse que durante los últimos cuatro años Jimmy Carter ha
sido el líder estadounidense de más visibilidad y, defendiblemente,
el de más influencia en Latinoamérica.
No
hay donde esté más en evidencia la falta de un enfoque estratégico
de los Estados Unidos hacia el Hemisferio Occidental que en el desenfrenado
ascenso del egocéntrico e inestable caudillo de Venezuela, Hugo Chávez,
quien ha hecho causa común con los terroristas y con los regimenes
que los apoyan, y quien ha elaborado una ideología revolucionaria que
ha comenzado a sumergir a las Américas de nuevo en la violencia y el
caos. Es preciso que las naciones democráticas del hemisferio se unan
para detener esta creciente amenaza a la paz antes de que sea demasiado tarde.
La evolución de una dictadura agresiva
Hacer
de Bolívar una metamorfosis. La dictadura revolucionaria de Venezuela
plantó sus raíces en 1999, después de que un militar
golpista, quien había encabezado un fallido golpe en 1992 contra el
gobierno democráticamente elegido, fuera elegido como presidente sobre
una ____________________
J. Michael Waller, Ph.D., es Vicepresidente de Operaciones Informativas del
Center for Security Policy. o en torno a una gravemente distorsionad
plataforma populista. En Venezuela los sistemas políticos y económicos
estaban tan corrompidos que sus partidos principales habían perdido
la confianza del público, creando así la oportunidad para que
una demagogia prometiera hacer una limpieza de casa y redistribuir la riqueza
a los pobres.
Al ponerle el nuevo nombre de “República Bolivariana de Venezuela”
al país, el nuevo presidente introdujo una nueva ideología,
el “bolivarianismo”, como concepto político y creencia
legitimadora, combinando formas del maoísmo y del marxismo-leninismo
al estilo de Castro con un populismo nacionalista. Centró este últim
a caricatura del Libertador Simón Bolívar, quien en el siglo
diecinueve liberara del dominio español a Sudamérica, combinándolo
con un cierto sesgo y un atractivo cultural para aprovechar la situación
apremiante de los pueblos indígenas.
Cuatro
fases principales en pos de la dictadura. Desde que llegó a la presidencia
en 1999, el golpista ha hecho que el país pase por cuatro fases principales:
· Primero, invalidó
la existente constitución (vigente desde 1961) utilizando medios ilegales
y pseudo legales e hizo que sus partidarios redactaran una nueva constitución
(1999).
· Segundo, bajo la nueva
constitución, se hizo a sí mismo apto para ser presidente por
dos períodos de seis años y abolió una de las cámaras
del congreso, otorgándose a sí mismo ciertos predominantes poderes
federales.
· Tercero, inició
su “revolución social” en 2001 mediante el uso de decretos
presidenciales para comenzar a confiscar la propiedad privada y asumir pleno
control de la educación de la juventud venezolana de acuerdo con rígidas
líneas ideológicas.
· La cuarta fase ha incluido
la intromisión furtiva en los asuntos internos de otros países
sudamericanos, la represión política, el uso de torturas contra
adversarios y el uso de todas las agencias y los presupuestos gubernamentales
para servir a la revolución. En realidad, el presidente venezolano
ha dicho repetidas veces que su única meta es asegurar que su “Revolución
Bolivariana” siga en el poder indefinidamente.
Rehacimiento
nasserista-baathista. La evolutiva dictadura venezolana se parece poco a las
que suele haber en la región desde hace tiempo. De manera recordativa
a la nasserista-baathista República Árabe Unida (RAU) de Egipto
y Siria (1958-61), el régimen se encuentra en un estado de revolución
permanente. Cada institución clave del gobierno y de la sociedad civil
(y es importante recordar que Venezuela fue la primera y la más estable
democracia del mundo de habla hispana) ha sido reemplazada por una institución
revolucionaria que desempeña una función similar. Todos los
elementos han sido revolucionados—el marco del poder judicial de la
nación, la institución militar, el sistema educativo, los sindicatos
de trabajadores, los ministerios, las juntas de control de divisas, las fuerzas
policiales, las estructuras bancarias. Sólo la Iglesia Católica
permanece fuera del control del gobierno.
Violación
sistemática de la constitución. El gobierno ha violado de manera
sistemática la constitución nacional que el propio régimen
redactó en 1999, comenzando cuando configuró una asamblea constituyente
de manera arbitraria para usurpar los poderes del congreso elegido y de la
corte suprema.* Ha suspendido el financiamiento de cualquier partido que no
sea el suyo, el Movimiento Quinta República (MVR), el cual se ha convertido
en órgano del estado y de manera rutinaria utiliza los recursos del
país. Más allá del MVR, el gobierno ha creado muchedumbres
paramilitares, privadas y extra-constitucionales, denominadas “Círculos
Bolivarianos”, y que de manera rutinaria amenazan, golpean y hasta matan
a opositores políticos. Recientemente el gobierno ha equipado, armado
y juramentado a un nuevo ejército “reservista” de ciudadanos
revolucionarios para actuar de garantes de la revolución y servir de
contrapeso ante la institución militar. Ha despojado de sus derechos
fundamentales a los críticos del régimen y ha hecho que centenares
se vayan al exilio. Les está estrujando la vida a los restantes movimientos
prodemocráticos de la oposición, hasta acusando a sus líderes
de "traición”, “rebelión”, y “desobediencia”.
La
retórica señala la política. Muchos analistas han visto
al presidente venezolano como una versión izquierdista del tradicional
caudillo militar latinoamericano—un Juan Domingo Perón de siglo
veintiuno. Este análisis padece de graves desperfectos. Cabe que por
mucho tiempo la retórica antiamericana y los sentimientos proto-leninistas
hayan servido de herramientas para las intenciones electorales o domésticas
por toda la América Latina. En el caso de la Venezuela de hoy, desde
el primer momento han sido una parte formal de la política del régimen
y a la vez también sirven de instrumentos para avanzar su agenda nacionalista.
__________________________
*En abril de 1999 Chávez convocó un referéndum para decidir
si debía convocarse una Asamblea Constituyente para redactar una nueva
constitución para Venezuela. Sólo el 39 por ciento del electorado
votó. De modo que se comenzó con una nueva constitución
preparada de acuerdo con el voto del 39 por ciento del electorado.
En julio de 1999 el mandatario convocó a elecciones para elegir los
delegados para la Asamblea Constituyente. Como resultado de cierto grado de
competición, la participación entre los votantes subió
al 54%, y los grupos opuestos al régimen recibieron el 38 por ciento
de los votos, comparado con el 42 por ciento que recibió la lista de
candidatos oficialistas. No obstante, mediante algún proceso de alquimia
política, al cual la prensa extranjera prácticamente hizo caso
omiso, el 42% atribuible al voto oficialista fue permutado de tal manera que
recibieran el 93 por ciento de los puestos en la Asamblea Constituyente mientras
que los partidos de oposición recibieron sólo el 7 por ciento
de los puestos. Esta mentira, repetida miles de veces, del supuesto contundente
apoyo al dictador democráticamente elegido, puede revelarse sin tener
que buscar muy a fondo.
En agosto de 1999 la Asamblea Constituyente se reunió e inmediatamente
tomó medidas para neutralizar y usurpar la autoridad del existente
poder judicial y del elegido Congreso venezolano. La Corte Suprema venezolana,
al verse sometida a la abierta coacción por partidarios oficialistas,
revocó una decisión anterior y dictaminó que la Asamblea
Constitucional podía declarar una “emergencia judicial”
y establecer su propio grupo para “revisar y evaluar” a todos
los jueces existentes. La Presidenta de la Corte Suprema renunció en
protesta y luego TODOS los jueces fueron reemplazados. Dos semanas después
la Asamblea Constituyente, en violación de la existente constitución,
declaró una "emergencia legislativa" y prohibió que
se reuniera el Congreso nacional. Desde allí en adelante, el elegido
Congreso nacional quedó excluido; esto caracterizó al régimen
como violador fundamental de la constitución venezolana y como antidemocrático.
La nueva constitución redactada por partidarios oficialistas fue sometida
a un referéndum en diciembre de l999 y la participación de los
votantes fue de un 45 por ciento. La nueva constitución fue aprobada
por el 72 por ciento de aquellos que votaron, quienes a su vez formaban parte
del 30 por ciento del electorado.
Los
hechos confirman esta evaluación. En junio de 1994, al ser liberado
de prisión después de su fallido golpe, el entonces destituido
teniente coronel viajó a La Habana donde el propio Fidel Castro le
dio la bienvenida de héroe. A este hombre—derrotado, recién
salido de prisión, sin un centavo y sin ningún tipo de apoyo
político—se le dio un trato que se reserva para un Jefe de Estado
en su visita. Castro le daba la bienvenida a un viejo amigo—un aliado
de muchos años que había prestado ayuda valiosa y que presentaba
una gran esperanza para el futuro.
Objetivo
claro: Socavar todas las instituciones civiles y democráticas. Desde
su primera elección en 1998, el presidente venezolano ha explicado
sus objetivos abierta y repetidamente. Un ejemplo representativo de esto fue
un discurso difundido a toda la nación en septiembre de 2002, donde
admitió públicamente que él nunca había sido soldado,
sino un revolucionario escondido dentro del ejército, trabajando para
la revolución hasta que viniera el momento oportuno. Ha narrado el
cuento de cómo se mantuvo en estrecho contacto con los intelectuales
y activistas comunistas de Venezuela mientras ascendía los rangos del
ejército venezolano. Ha explicado cómo ellos le daban libros
para que los leyera y cómo se trasnochaban intercambiando ideas y hablando
sobre la venidera revolución. El presidente reconoce haber sido un
topo experto colocado dentro del ejército venezolano con el motivo
de socavarlo y finalmente neutralizarlo como fuerza contrarrevolucionaria.
Estas
confesiones ofrecen un conocimiento de las hábiles maniobras políticas
del gobierno venezolano durante los últimos seis años. El régimen
ha minado a todas las instituciones venezolanas. Esto lo ha logrado, en gran
parte, gracias a su cínico instinto de saber cómo y cuándo
ocultar sus verdaderos motivos—máxime las veces que la opinión
pública se ha volteado contra las más transparentes tendencias
autoritarias del presidente. El gobierno venezolano ha seguido, desde un principio,
una estrategia dual, por un lado está “la cordialidad de
la oportunidad fotográfica” con los líderes democráticos
del hemisferio y por otro lado pretende dominar el escenario doméstico
venezolano y propagar su ideología revolucionaria por toda América.
Cierta
figura del Departamento de Estado dio luz verde a Caracas. La política
de la actual administración hacia Venezuela fue elaborada por John
Maisto, embajador de los EEUU ante el país bajo el Presidente Clinton
y director para asuntos hemisféricos en el Consejo Nacional para la
Seguridad del Presidente George W. Bush. Ésta política llega
a ser: “Pongan atención a lo que ellos hacen y no a lo que dicen.”
Pero la clave para entender al gobierno venezolano y la amenaza que representa
para la región es darse cuenta que pretende hacer lo que dice—y
dice lo que pretende hacer. El que haya un lapso de tiempo entre un pronunciamiento
revolucionario por parte del gobierno venezolano y su acción correspondiente
apenas justifica hacer caso omiso a la marcha hacia la autocracia en Venezuela.
Venezuela
es diferente de los demás gobiernos izquierdistas de la región.
La conducta del caudillo venezolano ahora ha pasado a ser cuestión
internacional. Si fuera simplemente un asunto de políticas domésticas
socialistas o populistas y de retórica anti-estadounidense—materia
principal del ámbito político en Latinoamérica por tres
generaciones—Washington podría tal vez salirse con la suya realizando
su gestión tal como lo que ha hecho (y sigue haciéndolo) con
tantos otros países de la región. Pero Venezuela se destaca
en comparación con los líderes izquierdistas de Argentina, Brasil,
Chile y Uruguay. Pese a que existen razones por preocuparse en torno al posible
extremismo latente de estos líderes, hasta esta fecha no se han comportado
como dictadores comprometidos a exportar revoluciones.
Desestabilización
de otras democracias. El gobierno venezolano tiene extensos vínculos
financieros con fuerzas desestabilizadoras en Bolivia, Colombia, Ecuador y
Nicaragua, países que están tambaleando al borde del tumulto
político y social, o peor. El instrumental de Venezuela incluye tanto
organizaciones guerrilleras sin leyes que fomentan la volatilidad, como también
organizaciones revolucionarias legitimadas que proclaman la democracia como
eslogan y pretenden llegar al poder mediante las urnas electorales. El gobierno
venezolano desea lograr victorias electorales para procurar el modelo de control
bolivariano en cada uno de estos países.
Durante
los años 1980, Fidel Castro y la Unión Soviética fomentaron
guerrillas en Centroamérica. El Presidente Ronald Reagan y su habilísimo
equipo de política exterior los detuvo. La contienda en Centroamérica,
sin embargo, tuvo importantes repercusiones. Millones de personas quedaron
desplazadas. Casi un millón de centroamericanos emigraron a los Estados
Unidos en busca de seguridad, y aun hoy, las consecuencias económicas
de la pobreza persistente y los fallidos movimientos de izquierda de los años
1980 siguen presionando a cientos de miles de centroamericanos a buscar cómo
entrar en los Estados Unidos por medios legales e ilegales.
$50
mil millones en ingresos petroleros anuales pueden financiar bastantes problemas.
En 2004 Venezuela era el decimosexto socio comercial más grande de
los Estados Unidos con $50 mil millones en ingresos de divisa fuerte. Eso
supera el conjunto de los ingresos de toda Centroamérica durante las
crisis de los años 1980. Además, la población de los
países que forman las zonas de repercusión de la proyectada
inestabilidad de Venezuela sobrepasa los 100 millones. Venezuela tiene más
recursos energéticos que Irak y suministra la quinta parte del consumo
petrolero de los Estados Unidos. Dados los enormes recursos e inversiones
para exportar la revolución, si Venezuela tuviese éxito en sus
planes, entonces la inestabilidad centroamericana de hace ya dos décadas
parecería modesta en comparación.
De
ventaja para los EEUU: La buena voluntad del pueblo venezolano. La falta de
una política coherente hacia Venezuela es realmente frustrante dado
que, al desigual que el gobierno venezolano y sus partidarios pagados, la
mayoría de los venezolanos muestran gran afecto hacia los Estados Unidos
y sus libertades. Datos obtenidos por las encuestas del Pew Research Center
sobre “Actitudes Globales” indican que, pese a que gran parte
del mundo—y casi toda Latinoamérica—muestra resentimiento
y desconfianza hacia los Estados Unidos, la población de Venezuela
forma parte de los más grandes admiradores mundiales de los Estados
Unidos y su pueblo. El gobierno venezolano lo sabe y está financiando
numerosos programas "educativos" para alejar de los Estados Unidos
a esta afinidad.
Política de los EEUU hacia Venezuela: Una obsesión con los ‘procesos’
Al
desigual que Fidel Castro, el presidente venezolano no llegó al poder
a la fuerza. Se vio obligado a trabajar dentro de un marco legal para conseguir
el poder en un país con una larga tradición democrática.
La resultante apariencia de legitimidad y legalidad le ha sido indispensable
a la supervivencia del gobierno. En su mayor parte, debido a una obsesión
con los “procesos” democráticos, mediante los cuales el
régimen bolivariano tomó y consolidó el poder, y también
a preocupaciones por la poderosa posición de Venezuela como importante
suministrador de petróleo, las administraciones Clinton y Bush más
que todo hicieron caso omiso a lo que el régimen de Caracas decía
y a gran parte de lo que realmente hacía.
Por
dos años Estado Unidos hizo caso omiso a las súplicas por ayuda
provenientes de Venezuela. Por dos años, ciudadanos venezolanos, empresarios,
líderes políticos, militares, miembros del clero y otros imploraron
a la administración Bush que les diera ayuda y reconocimiento—pero
no recibieron nada. El golpe de 24 horas del 11 de abril de 2002 contra el
presumido dictador fue un acto puramente venezolano, careciente hasta de apoyo
tácito por parte de los EEUU, ni siquiera animación. Entre los
indicios públicos de la no participación de los EEUU figuraba
la completa ausencia de ningún tipo de ofensiva diplomática
pública que por lo general Estados Unidos toma para ambientar la política
internacional hacia un cambio de régimen.
El poder
ejecutivo también hizo caso omiso a las advertencias del Congreso.
La administración Bush también hizo caso omiso a algunos de
sus mejores amigos influyentes. Henry Hyde, Presidente del Comité de
Relaciones Internacionales de la Cámara de Representantes, escribió
una carta de advertencia al Presidente Bush y al Secretario de Estado Colin
Powell en octubre de 2002. Les habló sobre “los dirigentes de
todos los elementos prodemocráticos de la sociedad” de Venezuela
que estaban reunidos para exigir la renuncia del dictador y la convocación
a elecciones libres y justas. Hyde describió la ilegitimidad del régimen
bolivariano, y detalló su continuo avance hacia una dictadura sigilosa.
El congresista Hyde sostuvo que Estados Unidos debería “declararse
en simpatía con la coalición cívico-militar en Venezuela,
la cual busca restaurar la democracia y que debería hacerlo cuanto
antes.”
La
administración Bush hizo caso omiso a los llamamientos de los venezolanos
y no le hizo caso a los consejos del Presidente Hyde. El régimen bolivariano
pasó a derrotar a los demócratas, a disolver sus organizaciones,
a expulsarlos de las instituciones de la nación, a hacer que recibieran
golpes y tiros, a confiscarles las propiedades y a impeler a muchos de sus
dirigentes a exilarse, y aún el gobierno de los EEUU no hizo nada.
Los
problemas se empeoraron cuando la oposición venezolana contra el régimen
se intensificó, impulsando a millones de venezolanos a firmar numerosas
peticiones exigiendo un referéndum para determinar si el gobierno debía
permanecer en el poder. El régimen hizo que el proceso del referéndum
revocatorio se demorara y se obstaculizara a cada paso. Es más, una
vez que el régimen se vio obligado a someterse a tal referéndum,
se aprovechó de un proceso electoral lleno de fraude para garantizarse
la victoria. El gobierno hizo de todo—incluso conceder la ciudadanía
a medio millón de extranjeros indocumentados en un grosero esquema
para comprar votos y “emigrar” los registros de votantes existentes
fuera de sus mesas electorales locales—para amañar los resultados
a favor suyo. Luego el resultado fue afirmado y legitimado por el apoyo casi
incondicional del ex presidente Jimmy Carter.
Fraude
electoral incuestionable. Pese a la validación del señor Carter,
un análisis estadístico independiente realizado por un equipo
conjunto de profesores de la Universidad de Harvard y el Instituto Tecnológico
de Massachussets (MIT) en agosto de 2004 concluyó que aunque era imposible
determinar la verdadera dimensión del fraude, no cabía duda
que la actividad fraudulenta en el proceso del voto electrónico había
sesgado los resultados.
Estas
conclusiones no fueron bien recibidas fuera de Venezuela. La Organización
de Estados Americanos descartó el estudio Harvard-MIT. Por su parte,
el Centro Carter emitió una respuesta interna que en realidad puso
en grave duda la capacidad técnica del Centro Carter para observar
este tipo de elecciones o para evaluar sus resultados. Un hecho persistente
en torno al fraude es que las empresas contratadas para suministrar las máquinas
de votación y el software para el referéndum fueron establecidas
secretamente por el gobierno venezolano y en parte eran propiedad suya.
Jimmy
Carter hizo caso omiso a las súplicas de la oposición y públicamente
dio el visto bueno a los resultados, pese al hecho de que el gobierno no cumplió
con su promesa de realizar una auditoría de los resultados. Las acciones
de Carter no sólo le dieron al régimen venezolano la legitimidad
que tanto ansiaba, sino que también destruyó la confianza del
público en el proceso electoral y en la efectividad de los observadores
internacionales.
Desde
entonces, a pesar de que las encuestas siguen mostrando que la oposición
mantiene casi el 50 por ciento del apoyo entre el electorado, el régimen
ha estado ganando las elecciones regionales por enormes márgenes a
la vez que votantes de la oposición se abstienen de participar en lo
que ellos perciben como un proceso inútil y corrupto.
Cosechar lo sembrado
Una
nueva Secretaria de Estado, al asumir su cargo a principios del 2005, se encontraba
con una dictadura rica en petróleo en Venezuela que ya casi había
derrotado a sus opositores democráticos y que ha hecho lo siguiente:
· creó alianzas estratégicas
con designados estados patrocinantes del terrorismo, incluso Cuba, Irán,
el Irak de Saddam Hussein y Libia antes de que se suspendieran las sanciones.
Las alianzas con Irán, Cuba y Libia implican la transferencia de tecnología
(armas) y de personal;
· depuró de la institución
militar a personal pro-estadounidense y puso fin a las relaciones de seguridad
(incluso los programas de intercambio) con los EEUU, haciendo que los equipos
militares de los EEUU se marcharan en el 2002 y que fueran reemplazados por
asesores cubanos y personal de las fuerzas especiales de la República
Popular China.
· aprovechó la riqueza
petrolera de Venezuela con motivos subversivos y para apoyar a un estado patrocinante
del terrorismo:
· reemplazó a la Unión Soviética
como el principal suministrador de un petróleo altamente subsidiado
para el régimen cubano;
· mientras desempeñaba la presidencia de la
OPEP, pretendió aprovecharse del cartel para hacer guerra política
y económica contra los Estados Unidos;
· trajo gerentes petroleros de Saddam Hussein y Muamar
Gadafi para reorganizar el monopolio estatal petrolero PDVSA y ponerlo bajo
el control político de Chávez;
· puso a PDVSA bajo el control de Alí Rodríguez,
ex guerrillero maoísta quien se identifica abiertamente con causas
islamistas de extremo.
· prácticamente fusionó sus servicios
de seguridad e inteligencia con los de Cuba:
· aprobó un tratado con Cuba que otorga a
los jueces cubanos y miembros del equipo de seguridad estatal cubano plena
jurisdicción dentro de Venezuela;
· puso el servicio de inteligencia venezolano (DISIP)
bajo el control del servicio de inteligencia cubano DGI, con funcionarios
de la DGI abiertamente desempeñando cargos claves de gerencia y análisis
en la DISIP;
· trajo a miles de policías secretos y oficiales
de inteligencia cubanos para entrenar a las fuerzas de seguridad bolivarianas
y a desempeñar cargos en ellas;
· importó a miles de agentes de acción
civil cubanos para establecer una base de apoyo político entre los
pobres de las zonas urbanas y rurales;
· estableció escuadrones de gorilas políticos
al estilo cubano, llamados Círculos Bolivarianos, para aplicar la intimidación
y la violencia contra los opositores políticos y los no partidarios,
tanto entre civiles como entre militares;
· estableció comités de vecindario
a nivel de cuadra al estilo cubano para espiar a cada miembro de la comunidad
y para hacer cumplir la participación política y el control.
· ayudó, instigó y acomodó a
organizaciones terroristas islámicas internacionales:
· permitió que Hamas y Hezbolá operaran
libremente en Margarita, isla venezolana en el Caribe, permitiendo que Hezbolá
operara una estación de radio de propaganda en lengua árabe;
· proporcionó cédulas de identidad
y documentos de viaje venezolanos de manufactura oficial a agentes musulmanes
perseguidos en los Estados Unidos, incluso individuos que recibieron entrenamiento
junto con los secuestradores del 11 de septiembre y que realizaron un fallido
atentado con granada contra una aeronave británica.
· simpatizó abiertamente con los ataques contra
tropas estadounidenses y de la Coalición en Irak, contra iraquíes
al servicio de su propio gobierno y contra civiles iraquíes que participan
en la nueva democracia.
· ayudó e instigó a narcotraficantes
y narcoterroristas regionales:
· puso fin a la cooperación clave contra el
narcotráfico y el hampa organizada, incluso la suspensión de
la construcción de radares para monitorear el área de la frontera;
· prohibió vuelos de reconocimiento
por Estados Unidos para la política de control de drogas (después
de más de una década de cooperación con previos gobiernos
venezolanos).
· ayudó e instigó a grupos de la narcoguerrilla
que pretenden derrocar al gobierno de Colombia:
· permitió que las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias
de Colombia) mantuvieran campamentos del lado venezolano de la frontera con
Colombia;
· ordenó al ejercito no interferir con los
guerrilleros de las FARC en territorio venezolano;
· invadió territorio colombiano para darles
protección aérea a unidades de las FARC que se infiltraban desde
Venezuela;
· permitió que combatientes y comandantes
claves de las FARC y el ELN (Ejército de Liberación Nacional)
vivieran y funcionaran libremente en Caracas; algunos se alojaron en hoteles
lujosos y recibieron el equivalente del trato diplomático; uno habló
ante la Asamblea Nacional venezolana; uno, el ministro de relaciones exteriores
de las FARC, vivía abiertamente bajo el patrocinio del estado;
· permitió que se realizara casi a diario
el transporte de armas y provisiones a las FARC, cosa que antes sólo
ocurría esporádicamente.
· elaboró una coherente ideología populista
y un equipo de acción política para difundir la subversión
política en los demás países:
· el “bolivarianismo” es un híbrido
pan-sudamericano derivado de la teoría política y acción
maoísta y castrista, del internacionalismo marxista y del “nacionalismo”
andino e indigenista que está reemplazando al marxismo-leninismo de
estilo soviético como la principal y agresiva ideología transnacional
de la región.
· el bolivarianismo incluye el uso de la acción
furtiva, la subversión política y la violencia contra países
vecinos:
· el Movimiento Quinta República es un encubrimiento
para infiltrar agentes en otros países, incluso Colombia;
· el régimen venezolano está financiando
y organizando la radicalización de los movimientos indigenistas por
toda la región andina, incluso Ecuador, Perú y Bolivia;
· el régimen amenaza con la violencia bolivariana
a pequeños países por todo el Caribe;
· el régimen ayudó en la derrota del
pro-estadounidense presidente boliviano Sánchez de Losada en 2003 y
en la inminente derrota del actual presidente mediante su ayuda a los cocaleros
bolivianos para establecer un movimiento de protesta a nivel de bases locales,
lo cual prácticamente ha paralizado a gran parte del país;
· el régimen ha estado inspirando, aconsejando,
financiando y asistiendo materialmente a partidos y movimientos radicales
por todo el hemisferio para erigir un bloque contra los EEUU y sus aliados:
· se ha aprovechado de la red de ex terroristas pertenecientes
al “Foro de São Paulo” y de dirigentes de movimientos guerrilleros
bajo la tutela del oficialista Partido de los Trabajadores de Brasil;
· ha financiado el Frente Sandinista de Liberación
Nacional (FSLN) de Nicaragua y el Frente Farabundo Martí para la Liberación
Nacional (FMLN) de El Salvador.
· los “Círculos Bolivarianos”
hacen obedecer la aplicación de la ideología:
· Según se informa, el personal de las FARC
ha entrenado a los Círculos Bolivarianos;
· El presidente ha financiado la creación
de Círculos Bolivarianos entre los venezolanos emigrados en Bolivia,
Ecuador, Uruguay y los Estados Unidos. Actualmente hay por lo menos
20 tales grupos en los Estados Unidos.
· está armando y militarizando a la población
para amenazar a sus vecinos:
· pese a que por mucho tiempo Venezuela ha tenido
su propia industria de pequeños armamentos militares, y por décadas
ha fabricado fusiles belgas tipo FN-FAL, actualmente el régimen está
importando 100.000 fusiles rusos Kalashnikov y cabe que importe hasta 400.000
tipo AK-47. El Ejército venezolano permanente de 84.000 efectivos utiliza
fusiles FAL, haciendo que muchos analistas se pregunten qué va a pasar
con el excedente del armamento ruso;
· Venezuela también piensa adquirir hasta
50 aviones caza rusos tipo MiG, para reemplazar o aumentar su pequeño
parque de aviones de guerra de fabricación estadounidense y para tener
una capacidad militar ofensiva sin precedente. Además, el régimen
está comprando equipo militar proveniente de España.
· ha puesto freno a los derechos y a las libertades
civiles. Hasta muy reciente, los medios de comunicación social han
servido como el único contrapeso al poder arbitrario del gobierno.
En encuesta tras encuesta, los medios de comunicación venezolanos figuran
como la institución más respetada del país. Esto explica
por qué el régimen:
· ha instigado la violencia verbal y los ataques
físicos contra los dueños, editores y empleados de los medios
de comunicación. Edificios han sufrido ataques con bombas, reporteros
han sufrido lesiones o han muerto, y automóviles, cámaras y
demás propiedades de los medios han sido destruidos por miembros de
las milicias de los Círculos Bolivarianos o por desconocidos a quienes
las fuerzas de seguridad han dicho no haber podido encontrar.
· ha allanado los hogares de periodistas prominentes
y los ha obligado a testificar ante la policía secreta. La Asociación
Internacional de Radiodifusión, la Sociedad Interamericana de Prensa
y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización
de Estados Americanos han rogado en vano al régimen para que proteja
la libertad de prensa.
· utiliza decretos presidenciales de manera rutinaria
para interrumpir la programación de radio y televisión, obligando
a todos los medios de comunicación a transmitir horas enteras de propaganda
en pro del gobierno.
· instituyó un nuevo código penal que
reza “quien ofenda e irrespete de palabra, por escrito o de cualquier
otra manera al Presidente de la República o a quien esté haciendo
sus veces, será castigado con prisión de 6 a 30 meses, si la
ofensa es grave, o con la mitad de la pena si es una ofensa leve.” Los
periodistas que “expongan a otra persona al desprecio o execración
pública” pueden recibir una sentencia de prisión de entre
uno y tres años.
· autorizó a los fiscales a rastrear inexactitudes
supuestamente criminales no sólo en los periódicos y medios
electrónicos, sino también en las comunicaciones telefónicas
y de correo electrónico. El nuevo código especifica que cualquiera
que haya sido acusado de estos delitos no tendrá derecho a debido proceso.
Ya las estaciones de televisión privadas están mostrando señas
de autocensura.
· se está convirtiendo en uno de los
peores violadores de derechos humanos del hemisferio. El régimen bolivariano:
· intimida, golpea, mutila y asesina a opositores
a través de los Círculos Bolivarianos y otros medios. Miembros
de la milicia han lesionado o matado a ciudadanos extranjeros (incluso ciudadanos
de Gran Bretaña, Italia, España y los Estados Unidos).
· ha imputado a centenares de destacados miembros
de la sociedad civil venezolana por el crimen de “rebelión civil”,
un cargo que conlleva una sentencia de un mínimo de doce años
y un máximo de veinticinco años. Entre ellos: tres ex gobernadores
elegidos, el presidente de la Asociación de Radiodifusores, el ex presidente
de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la ex presidenta de la Corte
Suprema venezolana, el presidente de la Asociación Bancaria de Venezuela,
el personal de numerosas organizaciones no gubernamentales, el presidente
de la Confederación de Trabajadores de Venezuela, afiliada al AFL-CIO,
y el presidente de la Federación de Cámaras de Comercio venezolana.
· persiguió a activistas demócratas
quienes habían recibido fondos de la dotación National Endowment
for Democracy.
· pretende limitar la latitud de acción
de Washington mediante el cultivo y la neutralización de personas dedicadas
a la toma de decisiones. El régimen de Caracas:
· ha iniciado un costoso esfuerzo, la Venezuelan
Information Office, para servir como promotora mediática para el gobierno;
· ha cultivado a legisladores estadounidenses de
ambos partidos y ha ganado el apoyo del Congressional Black Caucus [facción
en el congreso de intereses especiales de los afro americanos].
· ha comprado la influencia de otros en Washington,
incluso la de una prominente figura política republicana;
· ha estado cooperando con existentes organizaciones
izquierdistas de base local para desinformar acerca de la participación
de los EEUU en la región dentro del marco de una estrategia que pretende
neutralizar cualesquiera medidas aliviadoras a favor de la democracia venezolana;
· se ha aprovechado del ex presidente Jimmy Carter
y del Centro Carter;
· ha contratado a una empresa republicana para establecer
y realizar operaciones electrónicas propagandísticas en
los Estados Unidos.
· ESTRATEGIA PARA UN CAMBIO DE RÉGIMEN
· Desafíos y oportunidades
o A pesar de la
sostenida negligencia de los Estados Unidos hacia la región y que presenta
muchos desafíos, Estados Unidos cuenta con muchas oportunidades para
ayudar a los demócratas a recuperar a su país. Lo que sigue
es un sumario de los desafíos y las oportunidades.
o Desafíos.
La oposición política de Venezuela está dividida, desperdigada
y gravemente debilitada. Estados Unidos no tiene una estrategia para la seguridad
hemisférica. Los asuntos latinoamericanos, sobre todo cuando se está
retando a una dictadura revolucionaria izquierdista alineada con Cuba, se
encuentran entre los más polarizantes y emocionales de la política
exterior. Estados Unidos tiene baja credibilidad dentro del hemisferio. Muchos
amigos de los Estados Unidos en la región piensan que se les ha hecho
caso omiso o que han sido abandonados. Washington tiende a precipitarse, generando,
innecesariamente, resentimientos o reacciones nacionalistas, en vez de aprovechar
hábilmente sus amplios recursos diplomáticos, entre otros varios.
También tiene tendencia a personalizar los conflictos en vez de hacer
guerra con las ideas, elevando, innecesariamente, el prestigio y la popularidad
de aquellos mandatarios a quienes pretende socavar.
o Estados Unidos
prácticamente ha desactivado su diplomacia pública, a la vez
que el régimen venezolano se dedica a financiar de manera furtiva a
sus aliados políticos por toda Latinoamérica y el Caribe, y
se compra a otros aliados con sobornos que Washington jamás podría
igualar. Su inteligencia se encuentra lastimosamente debilitada debido a:
las bajas prioridades en su política, el pésimo proceso de conceptuar
las prioridades para las tareas de impeler la recolecta de datos, un pésimo
sentido de cómo aprovechar la inteligencia política—y
por ende su importancia, en vista de los severamente debilitados recursos
de inteligencia humana y las persistentes preocupaciones en contrainteligencia
debido a la penetración hostil en los servicios de inteligencia de
los EEUU desde que se descubrió una penetración cubana en los
altos niveles de la Agencia de Inteligencia para la Defensa en 2001.
o Oportunidades.
La oposición interna a la dictadura venezolana es amplia y profunda.
La oposición se extiende por todo el sector petrolero, la burocracia
y las fuerzas armadas. Las importantes áreas de apoyo a la revolución
son superficiales o escuálidas, y bajo las circunstancias propicias
podrían convertirse en desventajas para la seguridad del régimen
en vez de seguir siéndole ventajosas.
· Preocupaciones
regionales. A los vecinos de Venezuela les preocupa y algunos están
francamente alarmados a medida que se consolida la revolución. El régimen
apoya a las guerrillas y a la actividad terrorista al otro lado de sus fronteras,
y pretende tener excesivos arsenales de armas y aviones de guerra. Guyana,
en la frontera oriental de Venezuela, teme que el régimen reclame la
tercera parte de su territorio. Los miembros de la Organización de
Países Caribeños del Este están igualmente preocupados,
mientras que algunos parecen estar finlandizándose. Colombia tiene
casus belli contra Venezuela por el apoyo que el régimen les da a las
FARC. Brasil, a pesar de estar bajo un presidente de ala izquierda que simpatiza
abiertamente con el régimen venezolano, ve a Caracas como una amenaza
a la seguridad debido a que éste último desestabiliza a los
demás países que rodean la larga y poco defendida frontera de
Brasil, y también muestra preocupación por el posible surgimiento
de unas FARC brasileñas. La credibilidad de un gobierno izquierdista
no violento y las aspiraciones económicas de Brasil dependen de un
continente libre de la agitación social, política y económica
que el modelo revolucionario bolivariano presenta a lo largo de los perímetros
del suroeste, oeste y norte del país más grande de Sudamérica.
· Un área
fácil de navegar para los Estados Unidos. Latinoamérica es un
territorio donde le es fácil a los Estados Unidos navegar con todo
su instrumental del arte de gobernar. Gran parte de la tradicional oposición
a Washington es retórica y emocional, particularmente cuando Estados
Unidos ofrece poca razón por poner en riesgo una carrera política
a cambio de hacerse amigo o aliado.
· Es posible
la acción multilateral sin la ONU. No hay necesidad de que las Naciones
Unidas se involucren. La Organización de Estados Americanos (OEA) es
el mejor foro para el debate y la acción multilateral; es una de las
organizaciones transnacionales más antiguas del mundo, es bien aceptada
por todo el hemisferio, cuenta con la legitimidad regional y resguarda la
toma de decisiones dentro del conjunto de los países de las Américas.
La OEA tiene el poder de expulsar a estados miembros que no busquen cumplir
con los principios básicos de la democracia, tal como ha hecho con
Cuba. Brasil y otros países han resultado ser socios confiables y efectivos
en operaciones de las fuerzas de paz en la cuenca del Caribe, zona compartida
por Venezuela.
· Bonanza
para la guerra informática. En el frente informático, Venezuela
es un tamiz informático, un raudal de datos que, al ser recopilados
con eficacia y presentados al público, alarmarían a todos menos
los escépticos más intransigentes, le arrancarían al
régimen el apoyo interno y externo, y clamarían por la acción
inmediata. Hasta esta fecha, el gobierno de los Estados Unidos no ha reunido
estos datos y argumentos, pero no es difícil hacerlo. La educación
del público es la clave. Estados Unidos necesita poner en vista pública
al régimen venezolano y elevar la conciencia acerca de la importancia
de una estrategia para contrarrestar las existentes amenazas. Antes de dirigirse
al problema presentado por Venezuela es necesario hacer que se reconozca como
problema. Estados Unidos también debería considerar el suministro
de financiamiento conjunto o el pedido de investigaciones provenientes de
“think-tanks” latinoamericanos [institutos de estudios por conjuntos
de peritos] con respecto a su relación y su conocimiento de los asuntos
gubernamentales.
· Es posible
un frente unificado. Además, cualquier estrategia para Venezuela necesariamente
implicaría la participación de otros gobiernos latinoamericanos.
Es indispensable un frente unido contra la amenaza hemisférica presentada
por el gobierno venezolano. El gobierno venezolano bien preferiría
un conflicto bipolar. Su autoproclamada altanería moral se desintegrará
cuando los demás autores hemisféricos se comprometan.
· Ventajas
psicológicas. Cualquier estrategia para Venezuela necesita evitar brindarle
al dictador pretextos que inflen su popularidad y prestigio—pero más
bien aprovechar su inestabilidad psicológica—o que justifiquen
su represión y militarización. Estados Unidos necesita evitar
de manera asidua la mención de su nombre para no realzar su prestigio.
Necesita evitar que parezca ser una batalla personal con el presidente estadounidense
o un arrebato del petróleo por parte de los Estados Unidos, lo cual
sería el retrato que proyectaría cualquier movida. Bajo la instigación
de Cuba, el dictador venezolano ya está acusando a los EEUU de pretender
asesinarlo.
Elementos de una estrategia ganadora
Ayudar
al dictador a precipitar su propio ocaso político. El dictador venezolano
es mentalmente inestable y lleva años bajo supervisión psiquiátrica.
Sobre-reacciona ante las críticas, llora en frente de los demás
y sueña fantasías mesiánicas que hacen que sea no sólo
vulnerable sino también peligroso. Un informe sobre su perfil psicológico
en el New York Times presentó notables semejanzas con el de Saddam
Hussein. Con las lecciones que se aprendieron en la guerra de Irak, Estados
Unidos podría mejorar su estrategia psicológica y ayudar al
dictador venezolano a acelerar su propia autodestrucción política.
Impedir
que el dictador destruya la infraestructura de Venezuela. Mientras tanto,
sin embargo, EEUU necesita estar preparado para actuar inmediatamente para
impedir que el dictador venezolano destruya su país como parte de su
desesperado intento de perpetuar su régimen. De especial preocupación
es que, en un momento de crisis, el dictador venezolano pudiera caer en la
tentación de destruir la infraestructura del país—sobre
todo donde tal destrucción (por ejemplo, instalaciones petroleras),
perjudicaría a los Estados Unidos, a otros países y a los venezolanos
que se oponen a él.
Se
necesita una alternativa democrática factible. Una exitosa transición
para alejarse del régimen actual no ocurrirá sin una fuerte
alternativa democrática. Los amigos de la democracia por toda la región
necesitan suministrar apoyo material y protección verbal a los restantes
miembros de la oposición dentro del país. Esto incluye organizaciones
cívicas, organizaciones no gubernamentales, organizaciones de derechos
humanos y grupos políticos.
Trabajar
con la OEA y el ciclo interno de Venezuela. Es débil el liderazgo de
los Estados Unidos dentro de la Organización de Estados Americanos
(OEA), pero tiene oportunidades razonables y efectivas a su alcance.
Primero, puede invocar la Carta Democrática de la OEA. Singularmente,
esta es el arma más poderosa contra la continua consolidación
del régimen, y puede hasta ser útil para guiar el retroceso
de la revolución. El gobierno venezolano ha violado la Carta en docenas
de ocasiones, pero no ha tenido que rendir cuentas. Por otro lado ha cumplido
con otras estipulaciones y ha mencionado la Carta como un instrumento importante.
La OEA tolera tal duplicidad porque pocas naciones han querido hacerse valer
ante el régimen.
Adoptar
la ruta de la OEA implicaría la acción directa por parte de
Estados Unidos, pero sólo como uno de tantos miembros de la OEA. Una
estrategia basada en la Carta Democrática puede funcionar sólo
después de una campaña de diplomacia pública hacia una
prolongada y precisa revelación en torno a la amenaza del régimen
a la seguridad hemisférica y los derechos humanos.
Mientras
tanto, la restante esperanza en el calendario para una solución pacífica
a la actual amenaza son las elecciones presidenciales venezolanas para el
2006. Pese a la posibilidad de un fraude a nivel del referéndum del
2004, el Centro recomienda las siguientes medidas:
· Apoyar y proteger (mediante el monitoreo y la ayuda material de las
naciones miembros de la OEA) a los movimientos democráticos y de derechos
humanos dentro de Venezuela. Revelar las ilícitas detenciones de líderes
nacientes y enviar una señal categórica e inequívoca
de que hay que respetar el proceso democrático y los derechos humanos,
correctamente interpretados. Para las elecciones del 2006 habrá que
instalar un nuevo proceso y modelo electoral para disuadir o por lo menos
gravar el tipo de fraude que ocurrió en el 2004. Es probable que el
régimen sabotee la implementación de cualquier nuevo proceso.
Esto en sí ayudará a consolidar el cambio de paradigma en cuanto
a la correcta percepción de que elgobierno venezolano es una dictadura.
· Incrementar significativamente la cooperación con socios hemisféricos
para monitorear y recopilar inteligencia acerca de la actual asociación
entre el régimen venezolano y los estados patrocinantes del terrorismo,
y revelar los nexos entre bolivarianos y terroristas. Esto ya cumplido, es
probable que otras alternativas a la acción reciban apoyo multinacional.
A fin de cuentas
Ya
se acaba el tiempo. En Venezuela el ritmo incrementado de represión,
militarización, importación de armas, y desestabilización
de países vecinos demuestran que ya se acaba el tiempo para el pueblo
venezolano y para la relativa paz de la que ha disfrutado la mayor parte del
hemisferio. El régimen bolivariano de Caracas presenta un claro y presente
peligro para la paz y la democracia del hemisferio. Necesita cambiar. Puede
o cambiar por su propia cuenta o invitar a fuerzas hemisféricas con
la ayuda de la extensa oposición democrática a imponer los cambios.
De cualquiera de las dos maneras, la estrategia de los Estados Unidos debe
ser ayudar a Venezuela a lograr un cambio pacífico antes del año
entrante.