Center for Security Policy
 
OCCASIONAL PAPERS SERIES
 
May 2005                                                        (Versión en lengua castellana)                                                                 No. 6
 
 
 
 
 
QUÉ HACER EN TORNO A VENEZUELA
 
por J. Michael Waller
 
 
 
 
Center for Security Policy
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QUÉ HACER EN TORNO A VENEZUELA
 
Por J. Michael Waller

 
Introducción
 
            Entre los legados más preocupantes que ha heredado la Secretaria de Estado Condoleezza Rice se encuentra el de la negligencia hacia el Hemisferio Occidental, un legado que ha servido para disminuir gravemente la estatura e influencia de los Estados Unidos en la mayor parte de las Américas. Esto se debe en parte a una auto-impuesta abdicación a las obligaciones de la Nación para con la seguridad hemisférica. La Secretaria Rice ha señalado mediante su reciente viaje a la región y en un discurso mayor pronunciado hoy que su intención es afrontar el problema—y cuanto antes mejor.  
 
            Hoy día, los amigos de Washington en Latinoamérica se encuentran aislados, desilusionados y desconcertados. Mientras tanto, los enemigos de la libertad adelantan sus objetivos en nuestro hemisferio con una efectividad jamás vista desde la presidencia de Jimmy Carter en los años 1970. La falta de una estrategia coherente hacia la región por parte de los EEUU desde fines de la Guerra Fría, y sobre todo después de 2001, ha permitido que otros autores entren y dominen el escenario.
 
            Estos autores abarcan desde las viejas y obsesionadas figuras, como el dictador cubano Fidel Castro, y los reanimados terroristas de los años 1970, ahora hechos políticos, como el nicaragüense Daniel Ortega, hasta el propio Carter, cuya continua obra internacional de certificar los resultados electorales les ha suministrado a las fuerzas antidemocráticas de la región un indispensable escudo político. De hecho, podría decirse que durante los últimos cuatro años Jimmy Carter ha sido el líder estadounidense de más visibilidad y, defendiblemente, el de más influencia en Latinoamérica.
 
            No hay donde esté más en evidencia la falta de un enfoque estratégico de los Estados Unidos hacia el Hemisferio Occidental que en el desenfrenado ascenso del egocéntrico e inestable caudillo de Venezuela, Hugo Chávez, quien ha hecho causa común con los terroristas y con los regimenes que los apoyan, y quien ha elaborado una ideología revolucionaria que ha comenzado a sumergir a las Américas de nuevo en la violencia y el caos. Es preciso que las naciones democráticas del hemisferio se unan para detener esta creciente amenaza a la paz antes de que sea demasiado tarde.
 
La evolución de una dictadura agresiva
 
            Hacer de Bolívar una metamorfosis. La dictadura revolucionaria de Venezuela plantó sus raíces en 1999, después de que un militar golpista, quien había encabezado un fallido golpe en 1992 contra el gobierno democráticamente elegido, fuera elegido como presidente sobre una ____________________
 
J. Michael Waller, Ph.D., es Vicepresidente de Operaciones Informativas del Center for Security Policy. o en torno a una gravemente distorsionad
plataforma populista. En Venezuela los sistemas políticos y económicos estaban tan corrompidos que sus partidos principales habían perdido la confianza del público, creando así la oportunidad para que una demagogia prometiera hacer una limpieza de casa y redistribuir la riqueza a los pobres.
 
Al ponerle el nuevo nombre de “República Bolivariana de Venezuela” al país, el nuevo presidente introdujo una nueva ideología, el “bolivarianismo”, como concepto político y creencia legitimadora, combinando formas del maoísmo y del marxismo-leninismo al estilo de Castro con un populismo nacionalista. Centró este últim a caricatura del Libertador Simón Bolívar, quien en el siglo diecinueve liberara del dominio español a Sudamérica, combinándolo con un cierto sesgo y un atractivo cultural para aprovechar la situación apremiante de los pueblos indígenas.
 
            Cuatro fases principales en pos de la dictadura. Desde que llegó a la presidencia en 1999, el golpista ha hecho que el país pase por cuatro fases principales:
 
·        Primero, invalidó la existente constitución (vigente desde 1961) utilizando medios ilegales y pseudo legales e hizo que sus partidarios redactaran una nueva constitución (1999).
 
·        Segundo, bajo la nueva constitución, se hizo a sí mismo apto para ser presidente por dos períodos de seis años y abolió una de las cámaras del congreso, otorgándose a sí mismo ciertos predominantes poderes federales.
 
·        Tercero, inició su “revolución social” en 2001 mediante el uso de decretos presidenciales para comenzar a confiscar la propiedad privada y asumir pleno control de la educación de la juventud venezolana de acuerdo con rígidas líneas ideológicas.
 
·        La cuarta fase ha incluido la intromisión furtiva en los asuntos internos de otros países sudamericanos, la represión política, el uso de torturas contra adversarios y el uso de todas las agencias y los presupuestos gubernamentales para servir a la revolución. En realidad, el presidente venezolano ha dicho repetidas veces que su única meta es asegurar que su “Revolución Bolivariana” siga en el poder indefinidamente.
 
            Rehacimiento nasserista-baathista. La evolutiva dictadura venezolana se parece poco a las que suele haber en la región desde hace tiempo. De manera recordativa a la nasserista-baathista República Árabe Unida (RAU) de Egipto y Siria (1958-61), el régimen se encuentra en un estado de revolución permanente. Cada institución clave del gobierno y de la sociedad civil (y es importante recordar que Venezuela fue la primera y la más estable democracia del mundo de habla hispana) ha sido reemplazada por una institución revolucionaria que desempeña una función similar. Todos los elementos han sido revolucionados—el marco del poder judicial de la nación, la institución militar, el sistema educativo, los sindicatos de trabajadores, los ministerios, las juntas de control de divisas, las fuerzas policiales, las estructuras bancarias. Sólo la Iglesia Católica permanece fuera del control del gobierno.
 
            Violación sistemática de la constitución. El gobierno ha violado de manera sistemática la constitución nacional que el propio régimen redactó en 1999, comenzando cuando configuró una asamblea constituyente de manera arbitraria para usurpar los poderes del congreso elegido y de la corte suprema.* Ha suspendido el financiamiento de cualquier partido que no sea el suyo, el Movimiento Quinta República (MVR), el cual se ha convertido en órgano del estado y de manera rutinaria utiliza los recursos del país. Más allá del MVR, el gobierno ha creado muchedumbres paramilitares, privadas y extra-constitucionales, denominadas “Círculos Bolivarianos”, y que de manera rutinaria amenazan, golpean y hasta matan a opositores políticos. Recientemente el gobierno ha equipado, armado y juramentado a un nuevo ejército “reservista” de ciudadanos revolucionarios para actuar de garantes de la revolución y servir de contrapeso ante la institución militar. Ha despojado de sus derechos fundamentales a los críticos del régimen y ha hecho que centenares se vayan al exilio. Les está estrujando la vida a los restantes movimientos prodemocráticos de la oposición, hasta acusando a sus líderes de "traición”, “rebelión”, y “desobediencia”.
 
            La retórica señala la política. Muchos analistas han visto al presidente venezolano como una versión izquierdista del tradicional caudillo militar latinoamericano—un Juan Domingo Perón de siglo veintiuno. Este análisis padece de graves desperfectos. Cabe que por mucho tiempo la retórica antiamericana y los sentimientos proto-leninistas hayan servido de herramientas para las intenciones electorales o domésticas por toda la América Latina. En el caso de la Venezuela de hoy, desde el primer momento han sido una parte formal de la política del régimen y a la vez también sirven de instrumentos para avanzar su agenda nacionalista.
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*En abril de 1999 Chávez convocó un referéndum para decidir si debía convocarse una Asamblea Constituyente para redactar una nueva constitución para Venezuela. Sólo el 39 por ciento del electorado votó. De modo que se comenzó con una nueva constitución preparada de acuerdo con el voto del 39 por ciento del electorado.
 
En julio de 1999 el mandatario convocó a elecciones para elegir los delegados para la Asamblea Constituyente. Como resultado de cierto grado de competición, la participación entre los votantes subió al 54%, y los grupos opuestos al régimen recibieron el 38 por ciento de los votos, comparado con el 42 por ciento que recibió la lista de candidatos oficialistas. No obstante, mediante algún proceso de alquimia política, al cual la prensa extranjera prácticamente hizo caso omiso, el 42% atribuible al voto oficialista fue permutado de tal manera que recibieran el 93 por ciento de los puestos en la Asamblea Constituyente mientras que los partidos de oposición recibieron sólo el 7 por ciento de los puestos. Esta mentira, repetida miles de veces, del supuesto contundente apoyo al dictador democráticamente elegido, puede revelarse sin tener que buscar muy a fondo.
 
En agosto de 1999 la Asamblea Constituyente se reunió e inmediatamente tomó medidas para neutralizar y usurpar la autoridad del existente poder judicial y del elegido Congreso venezolano. La Corte Suprema venezolana, al verse sometida a la abierta coacción por partidarios oficialistas, revocó una decisión anterior y dictaminó que la Asamblea Constitucional podía declarar una “emergencia judicial” y establecer su propio grupo para “revisar y evaluar” a todos los jueces existentes. La Presidenta de la Corte Suprema renunció en protesta y luego TODOS los jueces fueron reemplazados. Dos semanas después la Asamblea Constituyente, en violación de la existente constitución, declaró una "emergencia legislativa" y prohibió que se reuniera el Congreso nacional. Desde allí en adelante, el elegido Congreso nacional quedó excluido; esto caracterizó al régimen como violador fundamental de la constitución venezolana y como antidemocrático.
 
La nueva constitución redactada por partidarios oficialistas fue sometida a un referéndum en diciembre de l999 y la participación de los votantes fue de un 45 por ciento. La nueva constitución fue aprobada por el 72 por ciento de aquellos que votaron, quienes a su vez formaban parte del 30 por ciento del electorado.
 
            Los hechos confirman esta evaluación. En junio de 1994, al ser liberado de prisión después de su fallido golpe, el entonces destituido teniente coronel viajó a La Habana donde el propio Fidel Castro le dio la bienvenida de héroe. A este hombre—derrotado, recién salido de prisión, sin un centavo y sin ningún tipo de apoyo político—se le dio un trato que se reserva para un Jefe de Estado en su visita. Castro le daba la bienvenida a un viejo amigo—un aliado de muchos años que había prestado ayuda valiosa y que presentaba una gran esperanza para el futuro.
 
            Objetivo claro: Socavar todas las instituciones civiles y democráticas. Desde su primera elección en 1998, el presidente venezolano ha explicado sus objetivos abierta y repetidamente. Un ejemplo representativo de esto fue un discurso difundido a toda la nación en septiembre de 2002, donde admitió públicamente que él nunca había sido soldado, sino un revolucionario escondido dentro del ejército, trabajando para la revolución hasta que viniera el momento oportuno. Ha narrado el cuento de cómo se mantuvo en estrecho contacto con los intelectuales y activistas comunistas de Venezuela mientras ascendía los rangos del ejército venezolano. Ha explicado cómo ellos le daban libros para que los leyera y cómo se trasnochaban intercambiando ideas y hablando sobre la venidera revolución. El presidente reconoce haber sido un topo experto colocado dentro del ejército venezolano con el motivo de socavarlo y finalmente neutralizarlo como fuerza contrarrevolucionaria.
 
            Estas confesiones ofrecen un conocimiento de las hábiles maniobras políticas del gobierno venezolano durante los últimos seis años. El régimen ha minado a todas las instituciones venezolanas. Esto lo ha logrado, en gran parte, gracias a su cínico instinto de saber cómo y cuándo ocultar sus verdaderos motivos—máxime las veces que la opinión pública se ha volteado contra las más transparentes tendencias autoritarias del presidente. El gobierno venezolano ha seguido, desde un principio, una estrategia dual,  por un lado está “la cordialidad de la oportunidad fotográfica” con los líderes democráticos del hemisferio y por otro lado pretende dominar el escenario doméstico venezolano y propagar su ideología revolucionaria por toda América.
 
            Cierta figura del Departamento de Estado dio luz verde a Caracas. La política de la actual administración hacia Venezuela fue elaborada por John Maisto, embajador de los EEUU ante el país bajo el Presidente Clinton y director para asuntos hemisféricos en el Consejo Nacional para la Seguridad del Presidente George W. Bush. Ésta política llega a ser: “Pongan atención a lo que ellos hacen y no a lo que dicen.” Pero la clave para entender al gobierno venezolano y la amenaza que representa para la región es darse cuenta que pretende hacer lo que dice—y dice lo que pretende hacer. El que haya un lapso de tiempo entre un pronunciamiento revolucionario por parte del gobierno venezolano y su acción correspondiente apenas justifica hacer caso omiso a la marcha hacia la autocracia en Venezuela.
 
            Venezuela es diferente de los demás gobiernos izquierdistas de la región. La conducta del caudillo venezolano ahora ha pasado a ser cuestión internacional. Si fuera simplemente un asunto de políticas domésticas socialistas o populistas y de retórica anti-estadounidense—materia principal del ámbito político en Latinoamérica por tres generaciones—Washington podría tal vez salirse con la suya realizando su gestión tal como lo que ha hecho (y sigue haciéndolo) con tantos otros países de la región. Pero Venezuela se destaca en comparación con los líderes izquierdistas de Argentina, Brasil, Chile y Uruguay. Pese a que existen razones por preocuparse en torno al posible extremismo latente de estos líderes, hasta esta fecha no se han comportado como dictadores comprometidos a exportar revoluciones.
 
            Desestabilización de otras democracias. El gobierno venezolano tiene extensos vínculos financieros con fuerzas desestabilizadoras en Bolivia, Colombia, Ecuador y Nicaragua, países que están tambaleando al borde del tumulto político y social, o peor. El instrumental de Venezuela incluye tanto organizaciones guerrilleras sin leyes que fomentan la volatilidad, como también organizaciones revolucionarias legitimadas que proclaman la democracia como eslogan y pretenden llegar al poder mediante las urnas electorales. El gobierno venezolano desea lograr victorias electorales para procurar el modelo de control bolivariano en cada uno de estos países.
 
            Durante los años 1980, Fidel Castro y la Unión Soviética fomentaron guerrillas en Centroamérica. El Presidente Ronald Reagan y su habilísimo equipo de política exterior los detuvo. La contienda en Centroamérica, sin embargo, tuvo importantes repercusiones. Millones de personas quedaron desplazadas. Casi un millón de centroamericanos emigraron a los Estados Unidos en busca de seguridad, y aun hoy, las consecuencias económicas de la pobreza persistente y los fallidos movimientos de izquierda de los años 1980 siguen presionando a cientos de miles de centroamericanos a buscar cómo entrar en los Estados Unidos por medios legales e ilegales.
 
            $50 mil millones en ingresos petroleros anuales pueden financiar bastantes problemas. En 2004 Venezuela era el decimosexto socio comercial más grande de los Estados Unidos con $50 mil millones en ingresos de divisa fuerte. Eso supera el conjunto de los ingresos de toda Centroamérica durante las crisis de los años 1980. Además, la población de los países que forman las zonas de repercusión de la proyectada inestabilidad de Venezuela sobrepasa los 100 millones. Venezuela tiene más recursos energéticos que Irak y suministra la quinta parte del consumo petrolero de los Estados Unidos. Dados los enormes recursos e inversiones para exportar la revolución, si Venezuela tuviese éxito en sus planes, entonces la inestabilidad centroamericana de hace ya dos décadas parecería modesta en comparación.
 
            De ventaja para los EEUU: La buena voluntad del pueblo venezolano. La falta de una política coherente hacia Venezuela es realmente frustrante dado que, al desigual que el gobierno venezolano y sus partidarios pagados, la mayoría de los venezolanos muestran gran afecto hacia los Estados Unidos y sus libertades. Datos obtenidos por las encuestas del Pew Research Center sobre “Actitudes Globales” indican que, pese a que gran parte del mundo—y casi toda Latinoamérica—muestra resentimiento y desconfianza hacia los Estados Unidos, la población de Venezuela forma parte de los más grandes admiradores mundiales de los Estados Unidos y su pueblo. El gobierno venezolano lo sabe y está financiando numerosos programas "educativos" para alejar de los Estados Unidos a esta afinidad.
 
Política de los EEUU hacia Venezuela: Una obsesión con los ‘procesos’
 
            Al desigual que Fidel Castro, el presidente venezolano no llegó al poder a la fuerza. Se vio obligado a trabajar dentro de un marco legal para conseguir el poder en un país con una larga tradición democrática. La resultante apariencia de legitimidad y legalidad le ha sido indispensable a la supervivencia del gobierno. En su mayor parte, debido a una obsesión con los “procesos” democráticos, mediante los cuales el régimen bolivariano tomó y consolidó el poder, y también a preocupaciones por la poderosa posición de Venezuela como importante suministrador de petróleo, las administraciones Clinton y Bush más que todo hicieron caso omiso a lo que el régimen de Caracas decía y a gran parte de lo que realmente hacía.
 
            Por dos años Estado Unidos hizo caso omiso a las súplicas por ayuda provenientes de Venezuela. Por dos años, ciudadanos venezolanos, empresarios, líderes políticos, militares, miembros del clero y otros imploraron a la administración Bush que les diera ayuda y reconocimiento—pero no recibieron nada. El golpe de 24 horas del 11 de abril de 2002 contra el presumido dictador fue un acto puramente venezolano, careciente hasta de apoyo tácito por parte de los EEUU, ni siquiera animación. Entre los indicios públicos de la no participación de los EEUU figuraba la completa ausencia de ningún tipo de ofensiva diplomática pública que por lo general Estados Unidos toma para ambientar la política internacional hacia un cambio de régimen.
 
           El poder ejecutivo también hizo caso omiso a las advertencias del Congreso. La administración Bush también hizo caso omiso a algunos de sus mejores amigos influyentes. Henry Hyde, Presidente del Comité de Relaciones Internacionales de la Cámara de Representantes, escribió una carta de advertencia al Presidente Bush y al Secretario de Estado Colin Powell en octubre de 2002. Les habló sobre “los dirigentes de todos los elementos prodemocráticos de la sociedad” de Venezuela que estaban reunidos para exigir la renuncia del dictador y la convocación a elecciones libres y justas. Hyde describió la ilegitimidad del régimen bolivariano, y detalló su continuo avance hacia una dictadura sigilosa. El congresista Hyde sostuvo que Estados Unidos debería “declararse en simpatía con la coalición cívico-militar en Venezuela, la cual busca restaurar la democracia y que debería hacerlo cuanto antes.”
 
            La administración Bush hizo caso omiso a los llamamientos de los venezolanos y no le hizo caso a los consejos del Presidente Hyde. El régimen bolivariano pasó a derrotar a los demócratas, a disolver sus organizaciones, a expulsarlos de las instituciones de la nación, a hacer que recibieran golpes y tiros, a confiscarles las propiedades y a impeler a muchos de sus dirigentes a exilarse, y aún el gobierno de los EEUU no hizo nada.
 
            Los problemas se empeoraron cuando la oposición venezolana contra el régimen se intensificó, impulsando a millones de venezolanos a firmar numerosas peticiones exigiendo un referéndum para determinar si el gobierno debía permanecer en el poder. El régimen hizo que el proceso del referéndum revocatorio se demorara y se obstaculizara a cada paso. Es más, una vez que el régimen se vio obligado a someterse a tal referéndum, se aprovechó de un proceso electoral lleno de fraude para garantizarse la victoria. El gobierno hizo de todo—incluso conceder la ciudadanía a medio millón de extranjeros indocumentados en un grosero esquema para comprar votos y “emigrar” los registros de votantes existentes fuera de sus mesas electorales locales—para amañar los resultados a favor suyo. Luego el resultado fue afirmado y legitimado por el apoyo casi incondicional del ex presidente Jimmy Carter.
 
            Fraude electoral incuestionable. Pese a la validación del señor Carter, un análisis estadístico independiente realizado por un equipo conjunto de profesores de la Universidad de Harvard y el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) en agosto de 2004 concluyó que aunque era imposible determinar la verdadera dimensión del fraude, no cabía duda que la actividad fraudulenta en el proceso del voto electrónico había sesgado los resultados.
 
            Estas conclusiones no fueron bien recibidas fuera de Venezuela. La Organización de Estados Americanos descartó el estudio Harvard-MIT. Por su parte, el Centro Carter emitió una respuesta interna que en realidad puso en grave duda la capacidad técnica del Centro Carter para observar este tipo de elecciones o para evaluar sus resultados. Un hecho persistente en torno al fraude es que las empresas contratadas para suministrar las máquinas de votación y el software para el referéndum fueron establecidas secretamente por el gobierno venezolano y en parte eran propiedad suya.   
 
            Jimmy Carter hizo caso omiso a las súplicas de la oposición y públicamente dio el visto bueno a los resultados, pese al hecho de que el gobierno no cumplió con su promesa de realizar una auditoría de los resultados. Las acciones de Carter no sólo le dieron al régimen venezolano la legitimidad que tanto ansiaba, sino que también destruyó la confianza del público en el proceso electoral y en la efectividad de los observadores internacionales.
 
            Desde entonces, a pesar de que las encuestas siguen mostrando que la oposición mantiene casi el 50 por ciento del apoyo entre el electorado, el régimen ha estado ganando las elecciones regionales por enormes márgenes a la vez que votantes de la oposición se abstienen de participar en lo que ellos perciben como un proceso inútil y corrupto.
 
Cosechar lo sembrado
 
            Una nueva Secretaria de Estado, al asumir su cargo a principios del 2005, se encontraba con una dictadura rica en petróleo en Venezuela que ya casi había derrotado a sus opositores democráticos y que ha hecho lo siguiente:
 
·        creó alianzas estratégicas con designados estados patrocinantes del terrorismo, incluso Cuba, Irán, el Irak de Saddam Hussein y Libia antes de que se suspendieran las sanciones. Las alianzas con Irán, Cuba y Libia implican la transferencia de tecnología (armas) y de personal;
 
·        depuró de la institución militar a personal pro-estadounidense y puso fin a las relaciones de seguridad (incluso los programas de intercambio) con los EEUU, haciendo que los equipos militares de los EEUU se marcharan en el 2002 y que fueran reemplazados por asesores cubanos y personal de las fuerzas especiales de la República Popular China.
 
·        aprovechó la riqueza petrolera de Venezuela con motivos subversivos y para apoyar a un estado patrocinante del terrorismo:
·    reemplazó a la Unión Soviética como el principal suministrador de un petróleo altamente subsidiado para el régimen cubano;
·    mientras desempeñaba la presidencia de la OPEP, pretendió aprovecharse del cartel para hacer guerra política y económica contra los Estados Unidos;
·    trajo gerentes petroleros de Saddam Hussein y Muamar Gadafi para reorganizar el monopolio estatal petrolero PDVSA y ponerlo bajo el control político de Chávez;
·    puso a PDVSA bajo el control de Alí Rodríguez, ex guerrillero maoísta quien se identifica abiertamente con causas islamistas de extremo.
 
·    prácticamente fusionó sus servicios de seguridad e inteligencia con los de Cuba:
·    aprobó un tratado con Cuba que otorga a los jueces cubanos y miembros del equipo de seguridad estatal cubano plena jurisdicción dentro de Venezuela;
·    puso el servicio de inteligencia venezolano (DISIP) bajo el control del servicio de inteligencia cubano DGI, con funcionarios de la DGI abiertamente desempeñando cargos claves de gerencia y análisis en la DISIP;
·    trajo a miles de policías secretos y oficiales de inteligencia cubanos para entrenar a las fuerzas de seguridad bolivarianas y a desempeñar cargos en ellas;
·    importó a miles de agentes de acción civil cubanos para establecer una base de apoyo político entre los pobres de las zonas urbanas y rurales;
·    estableció escuadrones de gorilas políticos al estilo cubano, llamados Círculos Bolivarianos, para aplicar la intimidación y la violencia contra los opositores políticos y los no partidarios, tanto entre civiles como entre militares;
·    estableció comités de vecindario a nivel de cuadra al estilo cubano para espiar a cada miembro de la comunidad y para hacer cumplir la participación política y el control.
 
·    ayudó, instigó y acomodó a organizaciones terroristas islámicas internacionales:
·    permitió que Hamas y Hezbolá operaran libremente en Margarita, isla venezolana en el Caribe, permitiendo que Hezbolá operara una estación de radio de propaganda en lengua árabe;
·    proporcionó cédulas de identidad y documentos de viaje venezolanos de manufactura oficial a agentes musulmanes perseguidos en los Estados Unidos, incluso individuos que recibieron entrenamiento junto con los secuestradores del 11 de septiembre y que realizaron un fallido atentado con granada contra una aeronave británica.
·    simpatizó abiertamente con los ataques contra tropas estadounidenses y de la Coalición en Irak, contra iraquíes al servicio de su propio gobierno y contra civiles iraquíes que participan en la nueva democracia.
 
·    ayudó e instigó a narcotraficantes y narcoterroristas regionales:
·    puso fin a la cooperación clave contra el narcotráfico y el hampa organizada, incluso la suspensión de la construcción de radares para monitorear el área de la frontera;
·     prohibió vuelos de reconocimiento por Estados Unidos para la política de control de  drogas (después de más de una década de cooperación con previos gobiernos venezolanos).
 
·    ayudó e instigó a grupos de la narcoguerrilla que pretenden derrocar al gobierno de Colombia:
·    permitió que las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) mantuvieran campamentos del lado venezolano de la frontera con Colombia;
·    ordenó al ejercito no interferir con los guerrilleros de las FARC en territorio venezolano;
·    invadió territorio colombiano para darles protección aérea a unidades de las FARC que se infiltraban desde Venezuela;
·    permitió que combatientes y comandantes claves de las FARC y el ELN (Ejército de Liberación Nacional) vivieran y funcionaran libremente en Caracas; algunos se alojaron en hoteles lujosos y recibieron el equivalente del trato diplomático; uno habló ante la Asamblea Nacional venezolana; uno, el ministro de relaciones exteriores de las FARC, vivía abiertamente bajo el patrocinio del estado;
·    permitió que se realizara casi a diario el transporte de armas y provisiones a las FARC, cosa que antes sólo ocurría esporádicamente.
 
·    elaboró una coherente ideología populista y un equipo de acción política para difundir la subversión política en los demás países:
·    el “bolivarianismo” es un híbrido pan-sudamericano derivado de la teoría política y acción maoísta y castrista, del internacionalismo marxista y del “nacionalismo” andino e indigenista que está reemplazando al marxismo-leninismo de estilo soviético como la principal y agresiva ideología transnacional de la región.
·    el bolivarianismo incluye el uso de la acción furtiva, la subversión política y la violencia contra países vecinos:
·    el Movimiento Quinta República es un encubrimiento para infiltrar agentes en otros países, incluso Colombia;
·    el régimen venezolano está financiando y organizando la radicalización de los movimientos indigenistas por toda la región andina, incluso Ecuador, Perú y Bolivia;
·    el régimen amenaza con la violencia bolivariana a pequeños países por todo el Caribe;
·    el régimen ayudó en la derrota del pro-estadounidense presidente boliviano Sánchez de Losada en 2003 y en la inminente derrota del actual presidente mediante su ayuda a los cocaleros bolivianos para establecer un movimiento de protesta a nivel de bases locales, lo cual prácticamente ha paralizado a gran parte del país;
·    el régimen ha estado inspirando, aconsejando, financiando y asistiendo materialmente a partidos y movimientos radicales por todo el hemisferio para erigir un bloque contra los EEUU y sus aliados:
·    se ha aprovechado de la red de ex terroristas pertenecientes al “Foro de São Paulo” y de dirigentes de movimientos guerrilleros bajo la tutela del oficialista Partido de los Trabajadores de Brasil;
·    ha financiado el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) de Nicaragua y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) de El Salvador.
·    los “Círculos Bolivarianos” hacen obedecer la aplicación de la ideología:
·    Según se informa, el personal de las FARC ha entrenado a los Círculos Bolivarianos;
·     El presidente ha financiado la creación de Círculos Bolivarianos entre los venezolanos emigrados en Bolivia, Ecuador, Uruguay y los Estados Unidos.  Actualmente hay por lo menos 20 tales grupos en los Estados Unidos.
·    está armando y militarizando a la población para amenazar a sus vecinos:
·    pese a que por mucho tiempo Venezuela ha tenido su propia industria de pequeños armamentos militares, y por décadas ha fabricado fusiles belgas tipo FN-FAL, actualmente el régimen está importando 100.000 fusiles rusos Kalashnikov y cabe que importe hasta 400.000 tipo AK-47. El Ejército venezolano permanente de 84.000 efectivos utiliza fusiles FAL, haciendo que muchos analistas se pregunten qué va a pasar con el excedente del armamento ruso;
·    Venezuela también piensa adquirir hasta 50 aviones caza rusos tipo MiG, para reemplazar o aumentar su pequeño parque de aviones de guerra de fabricación estadounidense y para tener una capacidad militar ofensiva sin precedente. Además, el régimen está comprando equipo militar proveniente de España.
 
·     ha puesto freno a los derechos y a las libertades civiles. Hasta muy reciente, los medios de comunicación social han servido como el único contrapeso al poder arbitrario del gobierno. En encuesta tras encuesta, los medios de comunicación venezolanos figuran como la institución más respetada del país. Esto explica por qué el régimen:
·    ha instigado la violencia verbal y los ataques físicos contra los dueños, editores y empleados de los medios de comunicación. Edificios han sufrido ataques con bombas, reporteros han sufrido lesiones o han muerto, y automóviles, cámaras y demás propiedades de los medios han sido destruidos por miembros de las milicias de los Círculos Bolivarianos o por desconocidos a quienes las fuerzas de seguridad han dicho no haber podido encontrar.
·    ha allanado los hogares de periodistas prominentes y los ha obligado a testificar ante la policía secreta. La Asociación Internacional de Radiodifusión, la Sociedad Interamericana de Prensa y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos han rogado en vano al régimen para que proteja la libertad de prensa.
·    utiliza decretos presidenciales de manera rutinaria para interrumpir la programación de radio y televisión, obligando a todos los medios de comunicación a transmitir horas enteras de propaganda en pro del gobierno.
·    instituyó un nuevo código penal que reza “quien ofenda e irrespete de palabra, por escrito o de cualquier otra manera al Presidente de la República o a quien esté haciendo sus veces, será castigado con prisión de 6 a 30 meses, si la ofensa es grave, o con la mitad de la pena si es una ofensa leve.” Los periodistas que “expongan a otra persona al desprecio o execración pública” pueden recibir una sentencia de prisión de entre uno y tres años.
·    autorizó a los fiscales a rastrear inexactitudes supuestamente criminales no sólo en los periódicos y medios electrónicos, sino también en las comunicaciones telefónicas y de correo electrónico. El nuevo código especifica que cualquiera que haya sido acusado de estos delitos no tendrá derecho a debido proceso. Ya las estaciones de televisión privadas están mostrando señas de autocensura.
 
·     se está convirtiendo en uno de los peores violadores de derechos humanos del hemisferio. El régimen bolivariano:
·    intimida, golpea, mutila y asesina a opositores a través de los Círculos Bolivarianos y otros medios. Miembros de la milicia han lesionado o matado a ciudadanos extranjeros (incluso ciudadanos de Gran Bretaña, Italia, España y los Estados Unidos).
·    ha imputado a centenares de destacados miembros de la sociedad civil venezolana por el crimen de “rebelión civil”, un cargo que conlleva una sentencia de un mínimo de doce años y un máximo de veinticinco años. Entre ellos: tres ex gobernadores elegidos, el presidente de la Asociación de Radiodifusores, el ex presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la ex presidenta de la Corte Suprema venezolana, el presidente de la Asociación Bancaria de Venezuela, el personal de numerosas organizaciones no gubernamentales, el presidente de la Confederación de Trabajadores de Venezuela, afiliada al AFL-CIO, y el presidente de la Federación de Cámaras de Comercio venezolana.
·    persiguió a activistas demócratas quienes habían recibido fondos de la dotación National Endowment for Democracy.
 
·     pretende limitar la latitud de acción de Washington mediante el cultivo y la neutralización de personas dedicadas a la toma de decisiones. El régimen de Caracas:
·    ha iniciado un costoso esfuerzo, la Venezuelan Information Office, para servir como promotora mediática para el gobierno;
·    ha cultivado a legisladores estadounidenses de ambos partidos y ha ganado el apoyo del Congressional Black Caucus [facción en el congreso de intereses especiales de los afro americanos].
·    ha comprado la influencia de otros en Washington, incluso la de una prominente figura política republicana;
·    ha estado cooperando con existentes organizaciones izquierdistas de base local para desinformar acerca de la participación de los EEUU en la región dentro del marco de una estrategia que pretende neutralizar cualesquiera medidas aliviadoras a favor de la democracia venezolana;
·    se ha aprovechado del ex presidente Jimmy Carter y del Centro Carter;
·   ha contratado a una empresa republicana para establecer y realizar operaciones electrónicas propagandísticas  en los Estados Unidos.
 
·   ESTRATEGIA PARA UN CAMBIO DE RÉGIMEN
 
·    Desafíos y oportunidades
 
o           A pesar de la sostenida negligencia de los Estados Unidos hacia la región y que presenta muchos desafíos, Estados Unidos cuenta con muchas oportunidades para ayudar a los demócratas a recuperar a su país. Lo que sigue es un sumario de los desafíos y las oportunidades.
 
o           Desafíos. La oposición política de Venezuela está dividida, desperdigada y gravemente debilitada. Estados Unidos no tiene una estrategia para la seguridad hemisférica. Los asuntos latinoamericanos, sobre todo cuando se está retando a una dictadura revolucionaria izquierdista alineada con Cuba, se encuentran entre los más polarizantes y emocionales de la política exterior. Estados Unidos tiene baja credibilidad dentro del hemisferio. Muchos amigos de los Estados Unidos en la región piensan que se les ha hecho caso omiso o que han sido abandonados. Washington tiende a precipitarse, generando, innecesariamente, resentimientos o reacciones nacionalistas, en vez de aprovechar hábilmente sus amplios recursos diplomáticos, entre otros varios. También tiene tendencia a personalizar los conflictos en vez de hacer guerra con las ideas, elevando, innecesariamente, el prestigio y la popularidad de aquellos mandatarios a quienes  pretende socavar.
 
o           Estados Unidos prácticamente ha desactivado su diplomacia pública, a la vez que el régimen venezolano se dedica a financiar de manera furtiva a sus aliados políticos por toda Latinoamérica y el Caribe, y se compra a otros aliados con sobornos que Washington jamás podría igualar. Su inteligencia se encuentra lastimosamente debilitada debido a: las bajas prioridades en su política, el pésimo proceso de conceptuar las prioridades para las tareas de impeler la recolecta de datos, un pésimo sentido de cómo aprovechar la inteligencia política—y por ende su importancia, en vista de los severamente debilitados recursos de inteligencia humana y las persistentes preocupaciones en contrainteligencia debido a la penetración hostil en los servicios de inteligencia de los EEUU desde que se descubrió una penetración cubana en los altos niveles de la Agencia de Inteligencia para la Defensa en 2001.
 
o           Oportunidades. La oposición interna a la dictadura venezolana es amplia y profunda. La oposición se extiende por todo el sector petrolero, la burocracia y las fuerzas armadas. Las importantes áreas de apoyo a la revolución son superficiales o escuálidas, y bajo las circunstancias propicias podrían convertirse en desventajas para la seguridad del régimen en vez de seguir siéndole ventajosas.
 
·           Preocupaciones regionales. A los vecinos de Venezuela les preocupa y algunos están francamente alarmados a medida que se consolida la revolución. El régimen apoya a las guerrillas y a la actividad terrorista al otro lado de sus fronteras, y pretende tener excesivos arsenales de armas y aviones de guerra. Guyana, en la frontera oriental de Venezuela, teme que el régimen reclame la tercera parte de su territorio. Los miembros de la Organización de Países Caribeños del Este están igualmente preocupados, mientras que algunos parecen estar finlandizándose. Colombia tiene casus belli contra Venezuela por el apoyo que el régimen les da a las FARC. Brasil, a pesar de estar bajo un presidente de ala izquierda que simpatiza abiertamente con el régimen venezolano, ve a Caracas como una amenaza a la seguridad debido a que éste último desestabiliza a los demás países que rodean la larga y poco defendida frontera de Brasil, y también muestra preocupación por el posible surgimiento de unas FARC brasileñas. La credibilidad de un gobierno izquierdista no violento y las aspiraciones económicas de Brasil dependen de un continente libre de la agitación social, política y económica que el modelo revolucionario bolivariano presenta a lo largo de los perímetros del suroeste, oeste y norte del país más grande de Sudamérica.
 
·           Un área fácil de navegar para los Estados Unidos. Latinoamérica es un territorio donde le es fácil a los Estados Unidos navegar con todo su instrumental del arte de gobernar. Gran parte de la tradicional oposición a Washington es retórica y emocional, particularmente cuando Estados Unidos ofrece poca razón por poner en riesgo una carrera política a cambio de hacerse amigo o aliado.
 
·           Es posible la acción multilateral sin la ONU. No hay necesidad de que las Naciones Unidas se involucren. La Organización de Estados Americanos (OEA) es el mejor foro para el debate y la acción multilateral; es una de las organizaciones transnacionales más antiguas del mundo, es bien aceptada por todo el hemisferio, cuenta con la legitimidad regional y resguarda la toma de decisiones dentro del conjunto de los países de las Américas. La OEA tiene el poder de expulsar a estados miembros que no busquen cumplir con los principios básicos de la democracia, tal como ha hecho con Cuba. Brasil y otros países han resultado ser socios confiables y efectivos en operaciones de las fuerzas de paz en la cuenca del Caribe, zona compartida por Venezuela.
 
·           Bonanza para la guerra informática. En el frente informático, Venezuela es un tamiz informático, un raudal de datos que, al ser recopilados con eficacia y presentados al público, alarmarían a todos menos los escépticos más intransigentes, le arrancarían al régimen el apoyo interno y externo, y clamarían por la acción inmediata. Hasta esta fecha, el gobierno de los Estados Unidos no ha reunido estos datos y argumentos, pero no es difícil hacerlo. La educación del público es la clave. Estados Unidos necesita poner en vista pública al régimen venezolano y elevar la conciencia acerca de la importancia de una estrategia para contrarrestar las existentes amenazas. Antes de dirigirse al problema presentado por Venezuela es necesario hacer que se reconozca como problema. Estados Unidos también debería considerar el suministro de financiamiento conjunto o el pedido de investigaciones provenientes de “think-tanks” latinoamericanos [institutos de estudios por conjuntos de peritos] con respecto a su relación y su conocimiento de los asuntos gubernamentales.
 
·           Es posible un frente unificado. Además, cualquier estrategia para Venezuela necesariamente implicaría la participación de otros gobiernos latinoamericanos. Es indispensable un frente unido contra la amenaza hemisférica presentada por el gobierno venezolano. El gobierno venezolano bien preferiría un conflicto bipolar. Su autoproclamada altanería moral se desintegrará cuando los demás autores hemisféricos se comprometan.
 
·           Ventajas psicológicas. Cualquier estrategia para Venezuela necesita evitar brindarle al dictador pretextos que inflen su popularidad y prestigio—pero más bien aprovechar su inestabilidad psicológica—o que justifiquen su represión y militarización. Estados Unidos necesita evitar de manera asidua la mención de su nombre para no realzar su prestigio. Necesita evitar que parezca ser una batalla personal con el presidente estadounidense o un arrebato del petróleo por parte de los Estados Unidos, lo cual sería el retrato que proyectaría cualquier movida. Bajo la instigación de Cuba, el dictador venezolano ya está acusando a los EEUU de pretender asesinarlo.
 
Elementos de una estrategia ganadora
 
            Ayudar al dictador a precipitar su propio ocaso político. El dictador venezolano es mentalmente inestable y lleva años bajo supervisión psiquiátrica. Sobre-reacciona ante las críticas, llora en frente de los demás y sueña fantasías mesiánicas que hacen que sea no sólo vulnerable sino también peligroso. Un informe sobre su perfil psicológico en el New York Times presentó notables semejanzas con el de Saddam Hussein. Con las lecciones que se aprendieron en la guerra de Irak, Estados Unidos podría mejorar su estrategia psicológica y ayudar al dictador venezolano a acelerar su propia autodestrucción política.
 
           Impedir que el dictador destruya la infraestructura de Venezuela. Mientras tanto, sin embargo, EEUU necesita estar preparado para actuar inmediatamente para impedir que el dictador venezolano destruya su país como parte de su desesperado intento de perpetuar su régimen. De especial preocupación es que, en un momento de crisis, el dictador venezolano pudiera caer en la tentación de destruir la infraestructura del país—sobre todo donde tal destrucción (por ejemplo, instalaciones petroleras), perjudicaría a los Estados Unidos, a otros países y a los venezolanos que se oponen a él.
 
            Se necesita una alternativa democrática factible. Una exitosa transición para alejarse del régimen actual no ocurrirá sin una fuerte alternativa democrática. Los amigos de la democracia por toda la región necesitan suministrar apoyo material y protección verbal a los restantes miembros de la oposición dentro del país. Esto incluye organizaciones cívicas, organizaciones no gubernamentales, organizaciones de derechos humanos y grupos políticos.
 
            Trabajar con la OEA y el ciclo interno de Venezuela. Es débil el liderazgo de los Estados Unidos dentro de la Organización de Estados Americanos (OEA), pero tiene oportunidades razonables y efectivas  a su alcance. Primero, puede invocar la Carta Democrática de la OEA. Singularmente, esta es el arma más poderosa contra la continua consolidación del régimen, y puede hasta ser útil para guiar el retroceso de la revolución. El gobierno venezolano ha violado la Carta en docenas de ocasiones, pero no ha tenido que rendir cuentas. Por otro lado ha cumplido con otras estipulaciones y ha mencionado la Carta como un instrumento importante. La OEA tolera tal duplicidad porque pocas naciones han querido hacerse valer ante el régimen.
 
            Adoptar la ruta de la OEA implicaría la acción directa por parte de Estados Unidos, pero sólo como uno de tantos miembros de la OEA. Una estrategia basada en la Carta Democrática puede funcionar sólo después de una campaña de diplomacia pública hacia una prolongada y precisa revelación en torno a la amenaza del régimen a la seguridad hemisférica y los derechos humanos.
 
            Mientras tanto, la restante esperanza en el calendario para una solución pacífica a la actual amenaza son las elecciones presidenciales venezolanas para el 2006. Pese a la posibilidad de un fraude a nivel del referéndum del 2004, el Centro recomienda las siguientes medidas:
 
· Apoyar y proteger (mediante el monitoreo y la ayuda material de las naciones miembros de la OEA) a los movimientos democráticos y de derechos humanos dentro de Venezuela. Revelar las ilícitas detenciones de líderes nacientes y enviar una señal categórica e inequívoca de que hay que respetar el proceso democrático y los derechos humanos, correctamente interpretados. Para las elecciones del 2006 habrá que instalar un nuevo proceso y modelo electoral para disuadir o por lo menos gravar el tipo de fraude que ocurrió en el 2004. Es probable que el régimen sabotee la implementación de cualquier nuevo proceso. Esto en sí ayudará a consolidar el cambio de paradigma en cuanto a la correcta percepción de que elgobierno venezolano es una dictadura.
 
· Incrementar significativamente la cooperación con socios hemisféricos para monitorear y recopilar inteligencia acerca de la actual asociación entre el régimen venezolano y los estados patrocinantes del terrorismo, y revelar los nexos entre bolivarianos y terroristas. Esto ya cumplido, es probable que otras alternativas a la acción reciban apoyo multinacional.
 
A fin de cuentas
 
            Ya se acaba el tiempo. En Venezuela el ritmo incrementado de represión, militarización, importación de armas, y desestabilización de países vecinos demuestran que ya se acaba el tiempo para el pueblo venezolano y para la relativa paz de la que ha disfrutado la mayor parte del hemisferio. El régimen bolivariano de Caracas presenta un claro y presente peligro para la paz y la democracia del hemisferio. Necesita cambiar. Puede o cambiar por su propia cuenta o invitar a fuerzas hemisféricas con la ayuda de la extensa oposición democrática a imponer los cambios. De cualquiera de las dos maneras, la estrategia de los Estados Unidos debe ser ayudar a Venezuela a lograr un cambio pacífico antes del año entrante.

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