Publicado: Lun Dic 05, 2005 10:02 am


La bajadita
por Antonio Sánchez García
Noticiero Digital

Hugo Chávez ha recibido ayer la mayor muestra de repudio que un presidente
de la república pueda recibir en país alguno. Luego de poner una gigantesca
parafernalia electoral en movimiento – una maquinaria que le ha costado a
nuestros bolsillos más de mil millones de dólares, todo el auxilio de los
genios cubanos en manipulación electrónica y millones de minutos de diarrea
mediática - no ha logrado movilizar más que a dos de cada diez venezolanos
tras su proyecto socialista y revolucionario. En las principales ciudades
del país ni siquiera eso. Hugo Chávez se ha derrumbado estrepitosamente,
terminando como suelen hacerlo todos los ídolos montados sobre pies de
barro: diluido en un barrial.
Era previsible. Siete años de ingresos fastuosos se han traducido en
corrupción, muerte y desolación. Y así, esta última versión llanera de
revolución socialista termina sin siquiera haber despegado. Llega a su fin
como la centena o más de revoluciones que en el país han sido. Con razón
describió Luis Level de Goda en 1893 el clásico diagnóstico de nuestra
gangrena revolucionaria: “las revoluciones no han producido en Venezuela
sino el caudillaje más vulgar, gobiernos personales y de caciques, grandes
desórdenes y desafueros, corrupción, y una larga y horrenda tiranía, la
ruina moral del país y la degradación de un gran número de venezolanos”. Un
pronóstico convertido en presagio que hoy debe pesar como una loza de sangre
y plomo en el corazón del teniente coronel. No pudo sustraerse al sino de
esa espantosa maldición que condena a las revoluciones venezolanas a
terminar en el estercolero.
Nada pudieron las amenazas. Nada, las falsas promesas. Ni siquiera el
impúdico chantaje de esa procereza del fascismo vernáculo, la diputada Iris
Varela, cuando intimidara a los empleados públicos a salir a votar so
peligro de perder los empleos. Una amenaza que debe estar dando la vuelta al
mundo y mostrando el tramojo de este esperpento hitleriano travestido de
revolución socialista. Nada pudo la sibilina maldad de José Vicente Rangel
ni la obscena intromisión de Jesse Chacón y todos los poderes públicos.
Fueron arrasados con el desprecio y la mofa. Un auténtico deslave.
Las consecuencias son descomunales. El chavismo, como fenómeno
sociopolítico, ha muerto. La torrentera se llevará sus despojos y esa
maloliente mediocridad que suele acompañar como paludismo parasitario a los
líderes mesiánicos encumbrados al poder por efecto del capricho de las
mayorías. Pedro Carreño, Nicolás Maduro, Cilia Flores y los enanos
mediáticos que los cortejan estarán verdaderamente sorprendidos de esta
verdad abismal: no son nada. No son nadie. Nunca lo fueron. Como tampoco lo
es su portaviones, hoy carcasa vacía de un navío escorado.
La sociedad encontró la sublime manera de permitirles llegar a su más íntima
verdad: los dejó hacer durante un año, les permitió con aparente indolencia
que obraran a su antojo, nada dijo ni nada hizo contra tanto abuso e
iniquidad. Dejó que figurones estúpidos y necios como Isaías Rodríguez
hicieran cuanto les viniera en ganas sin aparente escándalo. Los esperó en
la bajadita.
Es el comienzo del fin. Nada ni nadie detendrá su caída. Que se revuelquen
en el lodo.

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