El Nacional
El cese del chavismo gobernante siempre lo he preferido mediante la resistencia
social y política, capaz de cercar su arbitrariedad y autoritarismo,
aunado al recurso electoral.
Entiendo que el propio jefe del desaguisado y su círculo más íntimo y radicalizado, empleando la ciega terquedad de los irresponsables, han contribuido con entusiasmo para que se pudiera dar por descontado que ese camino está poco menos que cerrado. Así me lo pareció a mí mismo el día en que uno de los tontos de capirote del oficialismo declaró que el proceso iba bien, precisamente por todas las denodadas oposiciones que estaba desatando. Entonces entendí que eran incapaces, incluso para salvarse, de intentar la rectificación que el país exige a voz en cuello.
A la oposición poco más le resta que el enfrentamiento tajante a la arrogancia, la prepotencia, el abuso, la intimidación, emitidas por la garganta de un caudillo ofuscado cuyo poder supone ilimitado y eterno, a prueba de sus propios errores.
Frente a tales hechos no es fácil exigir comportamientos sostenidos por el apego milimétrico a una legalidad con la cual el propio gobierno se ha ensañado cada vez que le ha venido en gana.
De allí que nadie en sus cabales puede considerar esa resistencia masiva, que se ha manifestado con entereza y rabia, como una simple ficción, y mal hace el chavismo si supone que se trata de un pasajero fenómeno virtual ya en sus horas bajas. Está allí y sus razones de existencia siguen intactas en su más absoluta legitimidad y mayoría social. Si se tiene medio dedo de frente es así como hay que evaluarlo, y actuar en consecuencia.
Ojalá sirvan estos días para que el oficialismo entienda que no puede postergar a mucho más de media Venezuela, que no puede desentenderse de sus críticas, que ningún gobierno prevalece infringiendo, uno tras otro, desconocimientos e irrespetos y provocaciones a los disidentes. De no ser así, a buen seguro que el tiempo le reservará sorpresas desagradables con esa daga que la sociedad civil le clava en el corazón día a día, y que tarde o temprano lo va a amortajar.
Al entramado social e intelectual, ciudadano, que es el centro de la resistencia contra el régimen, le corresponde no bajar la guardia y persistir en sus demandas y movilizaciones, reforzando su talante democrático, ampliando cada vez más su espectro social.
Visto que el chavismo es poco más, hasta ahora, que el último capítulo de la vieja política clientelar, depredadora del patrimonio público y excluyente, no será infinita su posibilidad de prevalecer e inevitablemente, mañana o pasado, dará paso a una democracia dirigida por líderes de generaciones nuevas, por partidos y organizaciones sociales abiertos, programáticos, modernos, que tengan en alta consideración el servicio público a favor de los intereses generales y el suficiente respeto por un uso equilibrado y ético del poder.
La tarea que sigue pendiente, acaso más compleja, es la de resistir contra los procedimientos antidemocráticos y los propósitos políticos envejecidos.
Esto sólo es posible si el vasto movimiento social que sacude al chavismo se mantiene activo e integra a la gesta del enfrentamiento y de la afirmación de su lugar bajo el sol, la persistencia en organizar nuevos espacios y nuevas redes, potenciando las nuevas voces que ya existen, y que, así, vaya marcando sobre los muros del autoritarismo las puertas que se abran hacia los senderos de una sociedad que se niega a no ser libre, con soberana disposición de gobernarse a sí misma, contraria a caudillismos y abusos de poder.
Que el gobierno aprenda la lección de una realidad que le hace temblar, y cuya estela de muertos y sangre no se olvidará, y mucho menos en abril. Que la resistencia civil se mantenga en la tarea de lograr que el oficialismo ceda democráticamente, forzándolo a ello tanto como sea necesario, sin conceder en su propósito legítimo de substituirlo mediante el insuperado procedimiento electoral, o, si el régimen se enterca, intensificando la desobediencia civil.
“Abril es el mes más cruel” dice el poema de Eliot. “Yo estuve con ellos en la rebelión de abril” escribirá años más tarde Ernesto Cardenal.
Nadie mejor que los poetas sabe que la resistencia social no puede ser confiscada, es inamovible en su verdad y realidad. Y quiéralo o no el gobierno ella consumará sus cometidos. Son las lecciones de abril. Del gobierno sigue dependiendo el curso de los aconteceres.